Revista iDescubre

Editorial

JULIO – SEPTIEMBRE 2018

En los países del primer mundo nadamos en la abundancia y aparentemente, aunque sólo aparentemente, los bienes que consumimos a diario son inagotables. En realidad los recursos materiales y energéticos de los que nos abastecemos no son infinitos, como tampoco es infinita la capacidad que tiene la naturaleza para recibir nuestros residuos. Los vertederos del primer mundo son el mejor ejemplo del derroche de materias primas, valiosísimas, que despreciamos, y de los problemas ambientales que este despilfarro ocasiona.

Nos guste o no este es el escenario, sombrío, en el que crecen nuestras sociedades, las del primer mundo, y este, afortunadamente, también es el escenario, luminoso, en el que nacen iniciativas que buscan un cambio de rumbo, iniciativas como la de la Economía Circular. Pero, ¿realmente seremos capaces de cambiar el rumbo de un modelo de desarrollo que nos conduce al precipicio? ¿El progreso nos obliga necesariamente al derroche y al despilfarro? ¿Podemos mantener nuestra calidad de vida reduciendo el consumo de materias primas y energía, y minimizando la generación de residuos? ¿Es posible un mundo más justo en donde la riqueza se reparta de manera equitativa sin sacrificar nuestra propia supervivencia?

La Bioeconomía es una propuesta muy atrevida, quizá hasta utópica en alguno de sus planteamientos, pero es de las pocas formulaciones que defienden, sin rodeos ni eufemismos, la urgencia en modificar el sistema productivo y de consumo actual basado en una economía lineal (producir-consumir-eliminar los residuos producidos). De forma simplificada este nuevo modelo propone, con el auxilio del conocimiento científico, que imitemos a la naturaleza y creemos un sistema (circular) en donde se alcance la máxima eficiencia en el manejo de energía, materias primas y residuos.

La ciencia, una vez más, es la herramienta decisiva para enfrentarse a este reto. La mejor investigación, y su traslado a la mejor tecnología, aplicadas a una nueva reindustrialización, sostenible, que busca generar un crecimiento desvinculado del consumo ilimitado e insensato de materias primas y energía. Una apuesta que en Andalucía ya se ha materializado en algunos de los ejemplos que mostramos en este número de iDescubre, iniciativas empresariales que, apoyándose en la innovación, reducen su impacto ambiental sin mermar ni el empleo ni la rentabilidad. Es el esfuerzo de los pioneros, un esfuerzo que merece apoyo y visibilidad.

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