Una civilización milenaria ‘adelantada’ a su tiempo

La historia del Antiguo Egipto está repleta de curiosidades, hechos fascinantes y mitos que diversas disciplinas científicas como la egiptología se ha encargado, según el caso, de confirmar o desmontar. La exposición ‘Descifrando el Antiguo Egipto’, que acoge la Casa de la Ciencia de Sevilla hasta el próximo verano, muestra el interés de un pueblo con un avanzado desarrollo científico en astronomía, agricultura, anatomía, medicina o arquitectura.

Autoría: Amalia Rodríguez / Fundación Descubre


Sevilla |
26 de septiembre de 2019

Hablar del Antiguo Egipto es citar a personajes tan relevantes como Tutankhamón, Ramsés, Nefertiti o Cleopatra; evocar elementos tan característicos como las pirámides y los jeroglíficos, sin dejar atrás los sarcófagos o las momias. Más allá de todo lo que hasta la fecha se sabe sobre esta civilización milenaria, con sus mitos, sus halos de misterio, y su legado… la ciencia ha desempeñado un papel esencial para conocer y comprender cómo eran los egipcios, qué estilo de vida llevaban y cuáles eran sus intereses y preocupaciones.

En el Antiguo Egipcio, los rituales funerarios y todo lo relacionado con la muerte jugaban un papel esencial. Foto: CSIC

Parte de ese Antiguo Egipto ha llegado a la Casa de la Ciencia de Sevilla para quedarse hasta mediados del próximo verano. Este ‘viaje al pasado’ despierta los cinco sentidos a cada paso. Comienza con el mítico río Nilo como eje central, origen y epicentro de esta civilización para después avanzar hasta una entrada de piedra que recrea el acceso a una mastaba, un tipo de tumba egipcia antigua construida con bloques de adobe o con piedra. A todo ello, se le une un olor suave en el ambiente a canela y clavo en la primera sala y más tarde, en la segunda, a sándalo y cedro que recrea los aromas de la época. Al mismo tiempo, un hilo musical acompaña todo el recorrido y suena a través de él una banda sonora creada ex profeso para la ocasión. Además, observar de cerca la momificación de pequeños animales como el de una musaraña y contemplar vasos canopos originales donde depositaban los órganos durante la momificación son otros muchos de los ‘ingredientes sensoriales’ que componen la exposición ‘Descifrando el Antiguo Egipto. Tutankhamón’, formada por más de 90 piezas – de ellas 25 son originales- que ofrecen respuestas científicas a todo lo que rodea a esta cultura tan sorprendente como enigmática.

Y como, siguiendo la propiedad conmutativa de las matemáticas, el orden de los factores no altera el producto, en el caso de esta exposición tampoco. Antes o después de recorrer las salas expositivas, el visitante debe hacer una parada obligada en el patio central del edificio y adentrarse en una cámara oscura donde podrá ponerse en la piel -más bien en uno de sus ojos-, de un niño de tan sólo 10 años. Ese pequeño aguador que permitió al arqueólogo Howard Carter marcar un hito en la historia y pasar a formar parte de ella para siempre tras descubrir un yacimiento sin precedentes: la tumba de Tutankhamón, la única que ha sido hallada intacta, sin saqueos, tal cual la dejaron quienes ayudaron al niño faraón a dejar el reino de los vivos y alcanzar el más allá.

Los ajuares funerarios incluían figuras que recreaban el día a día de los egipcios entonces. Foto: Fundación Descubre.

Pero el Antiguo Egipto es mucho más que Tutankhamón, su tumba o su maldición, incierta y de la que, una vez más, la ciencia ha desvelado sus auténticos motivos. Pioneros en astronomía, escritura, medicina, agricultura… los egipcios fueron unos adelantados a su tiempo y alcanzaron avances que, aún hoy, con toda la tecnología y estudios al alcance, resultan incomprensibles por su dificultad y la falta de medios. “La paciencia y el estudio marcaban la forma de trabajo de los egipcios: preveían las crecidas del río para conservar las cosechas, conocían las estrellas, calculaban impuestos… Y además fueron precursores de otros aspectos que hoy día siguen siendo actualidad, como la ecología y preservación del medio ambiente”, comenta Marina Esteve, historiadora del arte por la Universidad de Málaga, egiptóloga y comisaria de la exposición.

La ciencia, ‘llave’ del futuro y del pasado

Los avances científicos y tecnológicos posibilitan el progreso, y aunque resulte paradójico, al mismo tiempo también constituyen una herramienta clave para retroceder en el pasado. Como ocurre en esta exposición, donde las excavaciones y estudios realizados por los egiptólogos han resuelto mitos que han rodeado a esta civilización a lo largo de la historia.

Marina Esteve (derecha), egiptóloga y comisaria de la exposición. Foto. CSIC.

Uno de ellos está relacionado con la construcción de las pirámides. ¿Quiénes las alzaron: esclavos, reos de la época, trabajadores ‘cualificados’…? Según la creencia popular, mandaban a erigir este tipo de edificios a prisioneros que sometían a duras jornadas de trabajo. Pero nada más lejos de la realidad. Con la ayuda de papiros de la época y otros hallazgos significativos en los yacimientos arqueológicos estudiados hasta la fecha, los expertos han demostrado que las pirámides se levantaron con el esfuerzo, tesón y mano de obra de egipcios a cambio de un ‘jornal’ basado en cebada, del que después ellos harían pan y cerveza.

La arquitectura funeraria es, precisamente, el tema principal de una de las salas de esta exposición. En ella, un ejemplo de los primeros enterramientos: un cuerpo enterrado al estilo del Antiguo Egipto, depositado en una tumba pozo que se excavaba en el desierto de forma espontánea en posición circular o rectangular. Esta práctica, gracias al calor de la arena de esta zona, mantenía los cuerpos momificados de manera natural.

Más tarde llegarían los hipogeos, las tumbas subterráneas. Todo un proceso de mejora que la arqueología y otras ciencias auxiliares han permitido datar y de paso, determinar su función y su razón de ser. “Los egipcios concebían la ciencia a través de la magia y la religión. Cuando perseguían un cometido, se amparaban a los dioses para su protección, pero buscaban respuestas a la realidad para poder subsistir, conservar su estatus social y preparar su vida en el otro lado”, afirma Esteve.

Otro aspecto que marca la historia del Antiguo Egipto es la momificación, una práctica de la que gracias a la ciencia se sigue ampliando información día a día. “La arqueología forense es una disciplina que permite analizar las momias desde una perspectiva diferente a la que se había realizado años atrás y obtener así más información que antes se había pasado por alto o no se había conseguido descifrar”, señala esta historiadora del arte.

En la exposición, un panel retro iluminado muestra cómo era el complejo proceso de la momificación y para los más intrépidos, un panel interactivo pone a prueba su capacidad para momificar adecuadamente un cuerpo. Primero, se lavaba la parte exterior del cuerpo y se purificaba su interior y exterior. La siguiente tarea se centraba en la evisceración y extracción de los órganos. El cerebro y los riñones no se sacaban y sólo el corazón volvería a ser colocado para pasar la prueba final hacia el más allá. La tercera fase de la momificación, la extracción del cerebro, se hacía a través de las fosas nasales. El secado del cuerpo se realizaba una vez estaba ‘vacío’ y en él se depositaban saquitos de natrón, un mineral que ayudaba a la aceleración del secado. Por último, se vendan con lino y se colocaban los amuletos. La ubicación de las piezas que formaban el ajuar, el tipo de lino… Todo tenía un significado, nada era aleatorio. Y esos detalles se saben hoy por medio de técnicas científicas no invasivas que facilitan su estudio sin apenas manipular el escenario. “Hasta hace poco, se desvendaba a la momia y en ese proceso se eliminaban muchos datos. Cómo se anudaban las vendas, el tipo de lino, la calidad del material… son detalles que aportan mucha información y al quitarlas se perdía”, relata Esteve.

Una de las piezas que se pueden contemplar en esta exposición. Foto: CSIC.

Hasta 700 metros de lino se empleaba para momificar un cuerpo. Lino de una hilada o doble hilada, con retales rojos o verdes, reutilizado de trapos y paños de casa… Estas diferencias en el material determinaba el poder adquisitivo de la persona.

La colocación de los amuletos también se perdía con el desvendaje de la momia para su estudio. Ahora, en cambio, no es necesario despojar las vendas para trabajar los cuerpos momificados. “Una vez más, la ciencia nos permite preservar el pasado y ampliar información que previamente se había obviado”, alaba la comisaria de la muestra.

Réplicas y originales

A lo largo de esta exposición se exhiben réplicas exactas a los originales y piezas verdaderas que fueron clave en el desarrollo de este pueblo. Entre los originales destacan los vasos canopos, empleados para contener los órganos internos embalsamados. “Estas piezas representan una imagen icónica del Antiguo Egipto y como cualquier objeto de la época evolucionaba, permitiéndonos contextualizar el periodo al que pertenecían”, detalla Esteve.

Estas piezas, uno de los reclamos de la exposición, evidencian que para proceder a la momificación, los egipcios tenían amplios conocimientos de anatomía y también les preocupaba su salud. Prueba de ello lo recogen varios juegos de preguntas y respuestas que completan la exposición. En ellos, se plantean cuestiones sobre si los egipcios usaban preservativos, llevaban prótesis dentales o si hacían pruebas de embarazo a las mujeres. “En la tumba de Tutankhamón se ha llegado a encontrar restos que solían hacerse con tripas de animales o lino muy fino. Y también se cree que las mujeres se aplicaban un ungüento como método anticonceptivo hecho a base de aceite de moringa, resina de acacia y heces de cocodrilo”, cuenta la egiptóloga.

Muchas de estas curiosidades se reflejan en papiros médicos de la época. Como también se plasmaban por escrito cuestiones relacionadas con los impuestos, la llegada al trono de los faraones o cualquier otro evento de interés. En cambio, la momificación nunca quedó registrada por escrito en ese sistema de escritura jeroglífico tan complejo y fascinante. Ni en piedra ni en papiro, principales soportes de este tipo de escritura.

Para dejar constancia de la importancia de este sistema de comunicación, la muestra expone una réplica de la piedra de Rosseta, donde había tres tipos de escritura y reflejaba la dificultad de la misma. Se podía leer de arriba abajo, de un lado a otro y un jeroglífico podía representar una letra, una palabra o una idea. Junto a ella, el visitante puede convertirse por un instante en un auténtico egipcio y escribir como ellos lo hacían.

Los egipcios, precursores del culto a la imagen

En estos papiros que recogían las costumbres o describían los quehaceres cotidianos de esta civilización milenaria entre otros muchos datos curiosos, también se recogía el gran interés por la estética personal, tanto en hombres como en mujeres. Este culto al cuerpo no entendía de género, como tampoco lo hacían los egipcios.

Se han encontrado escritos en los que detallaban remedios para evitar la canicie. Para ello, mezclaban sangre de toro negro, que lo asociaban a este color, un poco de aceite de moringa y heces de cocodrilo, Así, directos al pelo, creían decir adiós a las canas.

Para quienes perdían pelo también tenían una solución similar, al igual que creaban ungüentos para combatir las arrugas. “Los primeros cosméticos pensados con ese fin surgieron en el Antiguo Egipto y demuestran así que se preocupaban por su imagen y su estatus”, apunta Esteve.

Curioso es asimismo que fueron los egipcios los primeros en usar lápiz de ojos. “No sólo se pintaban con col para proteger los ojos de enfermedades, sino que lo hacían por estética. De lo contrario, con un simple borrón les hubiera bastado, pero se hacían la raya perfecta”, sostiene la comisaria de la exposición.

El niño Faraón

Y como en toda exposición, la joya de la corona en este caso es Tutankhamón, su breve pero intensa historia, su trono, su tumba y todo lo que le rodea. Hasta su maldición, que no fue tal, porque estudios científicos han demostrado que las muertes en años posteriores de muchos de quienes participaron en el descubrimiento (8 personas de un total de 58 en los 12 años posteriores a la apertura de la tumba y el sarcófago) se debió a la aparición de bacterias patógenas derivadas de la mala ventilación y la ausencia de penicilina.

Una sala de la exposición desvela los falsos mitos sobre la maldición del faraón. Foto: Fundación Descubre.

Aún queda mucho Antiguo Egipto por descifrar y buena parte de este trabajo en las misiones arqueológicas de aquella zona cuentan con participación andaluza. “Andalucía tiene una gran historia en egiptología y estamos marcando el paso, pisando fuerte. Tenemos que potenciar que las nuevas generaciones tengamos la oportunidad de dirigir desde la ciencia y la tecnología y documentar con los medios actuales, que son muchos, y nos ofrecen muchas ventajas. Ya Howard Carter lo hizo en el año 22 del siglo pasado registrando hasta los tonos de color de las piezas, una labor de documentación que hay que recuperar y por supuesto, mejorar”, reclama Esteve.

En este sentido, esta joven egiptóloga recuerda que en 2022 se conmemora los 100 años del descubrimiento de este hallazgo arqueológico y previamente son muchas las actividades que girarán en torno a este hito. “Es el momento de hablar de Tutankhamón porque en dos años se cumple el centenario de este descubrimiento”.


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