Pueblos en peligro de extinción

Más de la mitad del territorio andaluz padece despoblación. El proyecto de ciencia ciudadana GEOVACUI-2 analiza en Málaga este fenómeno para ver cuál es el nivel de implicación de los ciudadanos en este problema. Además, el Smart City Cluster o la Escuela de Pastores de la Junta desarrollan iniciativas ligadas a sectores como el pastoreo o la artesanía con el objetivo de retener a los habitantes de núcleos rurales.

Autoría: María Ávila / Fundación Descubre


Málaga |
10 de junio de 2022

“Tengo amigos que se han ido del pueblo. En general, que una persona con estudios se quede es casi un milagro”, asegura Miguel Mayorgas. Este joven agricultor tiene 26 años y reside en Algarinejo (Granada), la localidad que más población ha perdido desde comienzos de siglo según el informe A propósito del Despoblamiento en Andalucía de la Federación Andaluza de Municipios y Provincias en 2018. Esta localidad ha pasado de tener 5.262 habitantes en el año 2000 a 2.440 en 2021, según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. Mayorgas, a pesar de la marcha de gran parte de sus amistades, ha decidido quedarse para trabajar junto a su padre en el olivar, principal cultivo y actividad económica de la zona.

En España, la despoblación de las zonas rurales afecta sobre todo a provincias del norte, fenómeno que se conoce como ‘España vacía’ o ‘vaciada’. La realidad de Andalucía es muy diversa y diferente al resto de ámbitos rurales del país, ya que cuenta con agrociudades, que son pueblos mayores de 10.000 habitantes con una población dedicada en su mayoría a la agricultura. Osuna, Carmona, Écija y Marchena en la provincia de Sevilla, o Loja en la de Granada son ejemplos de ello. Sin embargo, esto no significa que el resto de la región no se vea afectada. Según el doctor en Antropología Social de la Universidad de Sevilla, Rufino Acosta, más de la mitad del territorio andaluz padece este problema desde hace años, algo que empieza a ser grave en algunos territorios.

Zahara de la Sierra (Cádiz) / Unsplash.

¿Cuáles son las principales causas? Una de ellas es la educación y la formación. Rufino Acosta lo explica a través del concepto ‘huida ilustrada’, que describe la marcha de ciudadanos nacidos en núcleos rurales con formación, con el fin de poder desarrollar su profesión con plenitud en el medio urbano.

En este sentido, surgen iniciativas enfocadas a la juventud como el proyecto Campus Rural de la Universidad de Huelva. Este programa ha propuesto a 12 estudiantes la posibilidad de realizar prácticas de sus correspondientes titulaciones en empresas o entidades públicas de localidades de la provincia con menos de 5.000 habitantes y con problemas de despoblación. Cada alumno seleccionado deberá residir de tres a cinco meses en el municipio con el objetivo de colaborar con los residentes y poder ver las oportunidades de desarrollo laboral en esa zona. Villanueva de los Castillejos, Aroche o Villarrasa son algunos de los pueblos en los que participan estos universitarios a los que se les proporcionará una ayuda económica de 1.000 euros mensuales.

Otro de los factores que inciden en la despoblación es la atracción del modo de vida de las ciudades, relacionado muchas veces con un estatus alto y con un ocio más diverso para todos los públicos. Sin embargo, esta manera de vivir fue muy cuestionada durante el periodo de confinamiento. De hecho, la consolidación del trabajo desde casa hizo que se crearan algunas iniciativas como la formación de la Red Nacional de Pueblos Acogedores para el Teletrabajo. Genalguacil y Benarrabá fueron dos municipios malagueños que se propusieron para la acogida de este tipo de trabajadores con el fin de atraer a gente interesada en huir, en este caso, de la ciudad.

Comprender la importancia de las zonas rurales

Así como ocurre con la variedad en actividades de tiempo libre, las oportunidades laborales son limitadas en los pueblos. Miguel Mayorgas sitúa este factor como uno de los principales, por el cual la mayoría de sus compañeros de colegio han decidido marcharse. Para aquellos, que como él, apuestan por quedarse y dedicar su vida a la labor agrícola, resulta complicado en muchas ocasiones por el alto coste inicial que hay que realizar para adquirir maquinaria, por la presión con los precios y el riesgo de perder las cosechas por los contratiempos climáticos.

Este abandono del campo provoca un perjuicio desde el punto de vista medioambiental al descuidar zonas históricamente cultivadas. Esto origina en muchas ocasiones una proliferación excesiva de vegetación y matorral que arde con facilidad y que puede dar lugar, según la Base de Datos del Plan INFOCA de la Junta de Andalucía, a incendios forestales. En esto incide el catedrático de Geografía de la Universidad de Málaga, José Ruiz, que destaca como ejemplo el reciente fuego desencadenado en el término municipal de Pujerra (Málaga), muy cercano a Sierra Bermeja donde tuvo lugar el año pasado otro que afectó a 8.401 hectáreas.

La agricultura posee un valor ambiental que debe ser considerado. Éste es uno de los criterios de concienciación con el que trabajan a través del proyecto de ciencia ciudadana GEOVACUI-2 cinco universidades españolas, entre las que se encuentra la Universidad de Málaga. Se trata de la continuación de un primer estudio que planteó los factores por los que se definen las zonas con despoblación entre los que se encuentran la falta de empleo, las malas comunicaciones o el envejecimiento. Ahora, esta segunda parte persigue estimular el debate, conocer las experiencias que tiene la población con respecto a este problema e involucrar a distintos sectores de la ciudadanía en el conocimiento de este fenómeno.

Parte del equipo de GEOVACUI en una reunión celebrada en el mes de febrero en Albarracín (Teruel).

Con el objetivo de concienciar a la población sobre la importancia de mantener el ámbito rural poblado, los investigadores han descrito distintos criterios que son diferentes para cada región. En el caso de la provincia de Málaga el principal es la importancia del entorno paisajístico, así como la calidad de vida y el confort que posibilita vivir en una zona con unas características medioambientales de gran calidad.

Estas zonas son las pertenecientes al Valle del Genal, los municipios del entorno de la Sierra de las Nieves o algunos localizados en el piedemonte de la Sierra Tejeda y Almijara. Estas áreas, como asegura el catedrático José Ruiz que participa en este proyecto como geógrafo, presentan limitadas posibilidades de conectividad, servicios asistenciales, médicos o educativos que provocan un despoblamiento progresivo y en muchas ocasiones silencioso. “La población rural de Málaga se marcha a la costa atraída por las mejores condiciones de vida que proporciona el empleo y el turismo, y al final opta por quedarse a vivir allí”, señala Ruiz.

Actualmente este proyecto, financiado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, se encuentra en fase de recogida de datos demográficos de distintos municipios, número de familias, rentas o actividades. Además, el equipo está realizando una serie de encuestas para observar cómo se ha enfocado el despoblamiento en cada lugar, en qué medida conocen y cómo están involucrados ciudadanos pertenecientes a distintos sectores de la población. Para analizar también estas cuestiones los investigadores han impartido diferentes talleres tanto para público mayor como para niños y jóvenes en distintos colegios.

El impulso de la tecnología en el medio rural

Como señala José Ruiz la limitación en la conectividad es otra de las causas de la despoblación. En el caso de los municipios pequeños se evidencia con mayor claridad la falta de recursos y de cercanía a la tecnología, algo que ha podido comprobar el Smart City Cluster. Esta alianza se compone de 200 empresas que trabajan en la actualidad para resolver retos como el de la despoblación con el fin de crear pueblos inteligentes, lo que se conoce como Smart Village.

Proyecto tecnológico en Zahara de la Sierra, señalización a través códigos QR / Smart City Cluster.

Una de las iniciativas que ha llevado a cabo este Clúster es la de Connect Zahara. En este pueblo gaditano, Zahara de la Sierra, con menos de 2.000 habitantes, se ha desarrollado un proyecto de datos turísticos a través de la implantación de una capa de sensores que miden y analizan el comportamiento de los turistas y residentes del municipio con el objetivo de mejorar el pequeño comercio rural. En una plataforma, gracias a estas herramientas, se recogen datos del viajero como su perfil, procedencia, si realiza compras o si se hospeda o no en la localidad.

Como asegura la directora de operaciones del Clúster, Verónica Ramírez, los municipios pequeños persiguen fundamentalmente retener el talento para mantener a la población. En el Viso de los Pedroches (Córdoba), otro de los municipios con los que trabaja el clúster, se realiza otro proyecto singular con el que se pretende generar un impulso del emprendimiento en torno a la artesanía, ya que es un núcleo con un gran número de maestros artesanos. Una línea clave de esta iniciativa es la incorporación de la tecnología desde el punto de vista de la capacitación con objetivo de acercar este oficio a los jóvenes a través de la formación. “En un futuro también es posible que se introduzcan tecnologías de 3D para aplicarlas a este sector tan señero de la localidad”, afirma Ramírez.

La conservación de oficios de toda la vida

La falta de relevo generacional en oficios rurales como la artesanía o el pastoreo son una consecuencia añadida de la despoblación. Las actividades tradicionales suelen pasar de generación en generación, así lo afirma el algarinejense Miguel Mayorgas, que piensa que es necesario tanto conocer el campo de primera mano, como recibir conocimientos teóricos.

En esta formación se centra la Escuela de Pastores de Andalucía perteneciente al Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA). Su objetivo es que personas interesadas en el sector ganadero aprendan la profesión, siendo el perfil mayoritario el de jóvenes de entre 18 y 30 años. Además, apuesta por la preservación de espacios naturales protegidos, la conservación de razas autóctonas o el reconocimiento del valor de este oficio.

X Escuela de Pastores de Andalucía del IFAPA.

En total han formado ya a 150 alumnos a lo largo de 10 ediciones en las que han recibido enseñanzas teóricas y prácticas durante 17 semanas. Para ello cuentan con la figura de un pastor tutor voluntario junto con el que adquieren conocimientos sobre reproducción, alimentación, contabilidad o riesgos laborales y medioambientales. En concreto, la próxima edición tendrá lugar este año en Granada, sede fija hasta 2023 desde el inicio de la pandemia. Según señala el coordinador de esta escuela, Francisco de Asís Ruiz, la tasa de incorporación al sector varía cada año, en algunas se ha incorporado el 50% del alumnado y en otras casi el 90%.

Los cambios de vida motivados por un pensamiento más urbano, los precios cada vez más ajustados de la ganadería o la agricultura y la formación en sectores alejados de lo rural provocan un abandono progresivo de los pueblos. Apostar por un modo de vida más cercano al valor medioambiental, implementar estructuras tecnológicas que retengan el talento de los jóvenes y mejorar las condiciones de oficios tradicionales serán algunas de las vías futuras para frenar la despoblación.


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