Córdoba /
26 de junio de 2026

Una avena más beneficiosa para la mesa y el campo

Fotografía ilustrativa de la noticia

Autoría: Patricia Pérez / Fundación Descubre

Una semilla con mayor aporte de proteína, fibra y compuestos antioxidantes, pero también productiva y rentable para quien la cultiva. Un equipo de investigación del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC en Córdoba busca las características más valiosas entre cientos de variedades mediterráneas para desarrollar las futuras generaciones de un cereal cada vez más demandado.

En forma de copos, mezclada con frutos secos en mueslis, en galletas y panes elaborados con su harina o convertida en bebida vegetal. La avena lleva años ganando espacio en desayunos y meriendas como alimento funcional, ya que además de aportar energía y nutrientes contiene compuestos asociados a beneficios cardiovasculares, digestivos y metabólicos. Cada vez son más los consumidores que la apuntan en su lista de la compra y la industria alimentaria lo sabe, de ahí su interés por variedades optimizadas, con mayores niveles de proteína, fibra y antioxidantes.

Sin embargo, la ecuación no termina en el consumo humano. Las semillas también deben responder a las necesidades del agricultor, que busca productividad, resistencia y rentabilidad. En España hasta ahora la avena ha permanecido a la sombra de otros clásicos del campo, como el trigo o la cebada, cultivada sobre todo como forraje para alimentación animal. Pero el creciente interés por sus propiedades nutricionales está cambiando el escenario.

La investigadora y responsable del estudio Gracia Montilla cruzando variedades de avena.

Es aquí donde entra en juego la ciencia con los programas de mejora genética, procesos que buscan seleccionar y combinar las características más interesantes de distintas variedades para desarrollar líneas más completas. Con ese objetivo trabaja un equipo de investigación del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC en Córdoba, en colaboración con el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Córdoba y el Instituto Agronómico Nacional de Túnez, para poner en valor el potencial de este cereal.

La idea no es encontrar el ejemplar ideal, sino reunir en una misma planta más proteína y fibra, pero también mayor resistencia o una producción más elevada, rasgos que a menudo aparecen dispersos. “El reto será equilibrar lo que demanda la industria alimentaria, semillas con mayor calidad nutricional, con lo que necesita el agricultor”, explica a la Fundación Descubre la investigadora del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS) Gracia Montilla, coautora del estudio.

Del campo al laboratorio

En el artículo publicado en la revista Antioxidants, el equipo presenta esta investigación, cuyo primer paso ha sido poner a punto la metodología para identificar y comparar cientos de semillas mediterráneas, tanto comerciales como tradicionales, en busca de aquellas con las mejores características nutricionales, aptas para convertirse en la base de futuras variedades destinadas a la alimentación humana.

Equipo de investigación responsable del estudio.

En concreto trabajaron con una subcolección de 126 muestras representativas de más de 700 variedades de diferentes bancos de germoplasma conservados en el IAS, algo así como una biblioteca biológica que conserva ejemplares con características diversas, para evitar que se pierdan y utilizarlos en diferentes investigaciones. Todas se sembraron en Córdoba bajo las mismas condiciones experimentales, para corroborar si las diferencias observadas se debían a la genética o al entorno.

Los científicos analizaron los betaglucanos, una fibra soluble conocida por ayudar a reducir el colesterol y modular la glucosa en sangre; los arabinoxilanos, asociados a efectos positivos sobre la microbiota intestinal; y los compuestos antioxidantes, como polifenoles y avenantramidas, unas moléculas prácticamente exclusivas de la avena con propiedades antiinflamatorias y cardioprotectoras.

Análisis y otros trabajos del estudio realizados en el laboratorio.

Los resultados mostraron la gran heterogeneidad existente. Algunas semillas alcanzaron niveles de proteína del 18,5 %, muy superiores a los habituales; otras superaron el 5 % de betaglucanos, un umbral considerado especialmente interesante por sus efectos sobre la salud cardiovascular; variedades con concentraciones muy elevadas de antioxidantes naturales. Pero el 20 % de las muestras concentraban simultáneamente buena parte de estas características, por lo que podrían incorporarse a futuros programas de mejora genética.

La investigación también reveló otros aspectos destacables:

  • Las variedades tradicionales, conocidas como landraces, conservan mayor riqueza genética acumulada con el tiempo frente a las modernas, elegidas principalmente por su productividad. Esa diversidad aumenta la probabilidad de encontrar características valiosas perdidas en los procesos de selección.
  • La Avena strigosa mostró algunos de los niveles más elevados de compuestos beneficiosos, pese a no cultivarse comúnmente para consumo humano. “Esta especie se ha utilizado comúnmente para alimentación animal, pero se han conseguido cruces interespecíficos con Avena sativa, por lo que puede incluirse en los programas de mejora para extraer todos los caracteres interesantes”, señala la investigadora.
  • Las variedades de espigado temprano poseen más compuestos antioxidantes. Esto pone de relieve que la genética no lo explica todo, sino que el entorno también deja huella. “La composición de la semilla de una variedad cultivada en Córdoba, Turquía o en el norte de África no tiene por qué ser la misma. La temperatura, la radiación solar, la disponibilidad de agua o el estrés ambiental pueden influir en la acumulación de antioxidantes y otros compuestos beneficiosos”, apunta Montilla.

Semillas saludables y productivas

Este trabajo representa solo un primer paso. Los datos ya se están integrando con otros caracteres agronómicos, como rendimiento, altura de la planta, resistencia a enfermedades o facilidad de manejo. “La avena es un cereal resistente, versátil y capaz de desarrollarse en condiciones menos favorables que otros cultivos, por lo que puede tener un papel relevante en sistemas de producción más sostenibles y adaptados al cambio climático”, concluye la experta.

Recogida de ADN.

De esta forma, al sentarnos frente a un bol de copos de avena en unos años quizás encontremos una variedad con mayor valor nutricional, desarrollada para aportar más beneficios a quien la consume, pero también más rentabilidad y oportunidades para quien la cultiva. Porque el reto no solo consiste en mejorar una semilla, sino en conseguir que la salud humana y el campo avancen en la misma dirección.

Más información en #CienciaDirecta: Identifican las variedades de avena con mayor valor nutricional para consumo humano


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