Málaga /
23 de mayo de 2026

IA para mantener la ‘fragancia natural’ de la fresa y hacerla más resistente al cambio climático

Fotografía ilustrativa de la noticia

Autoría: Amalia Rodríguez / Fundación Descubre

Dulce con un punto ácido, fresca, jugosa y carnosa, con un aroma intenso que la convierte en un fruto rojo muy popular. Como al resto de cosechas y cultivos, en las últimas décadas las campañas freseras también son testigos directos de las consecuencias del cambio climático: sequía y restricciones de agua, lluvias torrenciales y aumento de temperaturas que afectan a su desarrollo y maduración. Por ello, un equipo de investigación de la Universidad de Málaga y el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ estudia cómo influye la genética y el entorno en la calidad de este fruto. 

Te sonará haber leído o escuchado antes que Andalucía es una potencia europea de la fresa. Así es, y las cifras lo corroboran … ¿sabías que más del 90% de la fresa española se produce concretamente en la provincia de Huelva? Según los últimos datos oficiales de la Junta de Andalucía, en 2024 se cultivaron 6.513 hectáreas de fresa en la comunidad y se alcanzó una producción de 311.465 toneladas. 

En el estudio, realizado simultáneamente en cinco países europeos —Noruega, Francia, Italia, Polonia y Alemania, se analizaron 4 variedades de fresas distintas.

Con la llegada de la primavera, millones de fresas andaluzas llegan a las fruterías y al mismo tiempo cruzan fronteras y copan los lineales de fruta de los supermercados de toda Europa. Aunque con las nuevas tecnologías, ya hay fresas todo el año.

Su popularidad no está exenta de desafíos y también se enfrenta a nuevos retos, como las sequías recurrentes, el aumento de las temperaturas, la necesidad de reducir el consumo de agua… 

Equipo de investigación que ha realizado este estudio.

Por eso, la investigación científica para mantener su esencia natural juega un papel clave en su futuro. Eso explica por qué mejorar características como su sabor, su resistencia al calor o su aroma requiere estudios avanzados como el que ha realizado un equipo de la Universidad de Málaga y el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’, que han aplicado modelos computacionales avanzados y grandes volúmenes de datos biológicos, sentando las bases para futuros modelos de inteligencia artificial en mejora vegetal para seleccionar las mejores combinaciones genéticas para las fresas del futuro.

Aunque este estudio en concreto se ha desarrollado con variedades europeas cultivadas en cinco países (Noruega, Polonia, Alemania, Italia y Francia), los hallazgos sobre cómo influye la genética y el clima en el sabor son extrapolables a programas de mejora aplicables también a la fresa de Huelva.

Cinco países, cuatro variedades y millones de datos

En el estudio publicado en la revista Food Chemistry han identificado los factores genéticos y ambientales que determinan el sabor y la calidad de la fresa y lo han realizado en cultivos de cinco países europeos —Noruega, Francia, Italia, Polonia y Alemania— con cuatro variedades de fresas:

  • Clery
  • Frida
  • Gariguette 
  • Sonata

Análisis realizados en el laboratorio.

Como conclusión, este trabajo revela que los cultivos de fresa se comportan de forma diferente según el entorno, del método de producción y de la propia genética del fruto, así como de la interacción entre estas variables.

Además, comprobaron que el clima cálido y las altas temperaturas aceleran la maduración y acortan el desarrollo del fruto, aumentando la acidez. En cambio, las temperaturas suaves favorecen la acumulación de azúcares y compuestos aromáticos, mejorando el sabor de la fresa. 

IA para descifrar las moléculas ‘clave’ del sabor de la fresa

Para obtener estos resultados, aplicaron técnicas que miden conjuntos masivos de información biológica molecular, desde el ADN y el ARN hasta los metabolitos, que son la expresión química final del genoma del fruto. También emplearon modelos matemáticos avanzados y análisis multivariante que sientan las bases para futuros modelos de aprendizaje automático e inteligencia artificial aplicados a la mejora vegetal. “Esta combinación nos ha permitido integrar grandes volúmenes de datos biológicos y predecir el comportamiento de la fruta en distintos escenarios climáticos”, explica a la Fundación Descubre José G. Vallarino, investigador del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ y uno de los autores del estudio.

En este contexto, los investigadores subrayan la necesidad de desarrollar variedades que combinen calidad sensorial, estabilidad y adaptación a distintos sistemas productivos. “El hecho de que las variedades no se comporten igual en distintos ecosistemas nos proporciona información clave para acelerar la mejora vegetal. El desarrollo de una nueva variedad de fresa por métodos clásicos lleva entre 8 y 12 años; con selección asistida por marcadores moleculares y tecnologías actuales como la edición de genomas, este plazo puede reducirse a 2-4 años, ahorrando además costes a los agricultores”, destaca el equipo investigador.

Tras estos resultados, los expertos trabajan en la medición de los compuestos volátiles que emite el fruto. El objetivo es potenciar no solo la parte visual, sino también la parte sensorial. “Aplicamos la ciencia para ofrecer al consumidor fresas de mayor calidad, más aromáticas y adaptadas a los desafíos del cambio climático”, apunta Vallarino.

De la mano, la ciencia y la tecnología trabajan día a día con el mismo objetivo en este caso: que la fresa siga manteniendo su identidad. O, dicho de otro modo, que siga sabiendo y oliendo a fresa. Y todo ello lo haga adaptándose a los cambios que le toque vivir, en el norte o en el sur, en un entorno u otro, pero que nunca pierda su esencia natural.

Más información en #CienciaDirecta: Aplican inteligencia artificial para identificar genes clave que mejoren el sabor y aroma de la fresa frente al cambio climático.


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