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‘Andalucía Respira’: oxígeno para una crisis sanitaria

Un equipo multidisciplinar andaluz desarrolla en tiempo récord un respirador artificial. En apenas unas semanas, diseñan, validan y obtienen el visto bueno de la Agencia Española del Medicamento de un soporte de apoyo vital, que ya se construye en nuestra comunidad con piezas de uso corriente. Una buena muestra de cooperación científica y técnica, capaz de dar rápida respuesta a las necesidades sanitarias de una pandemia por coronavirus.

Autoría: Juan García Orta / Fundación Descubre.

Asesoría científica: Víctor J. Muñoz


21 de mayo de 2020

Investigadores de la Universidad de Málaga con el prototipo.

Frenar la curva ha implicado una experiencia de contrastes. Buena parte de la sociedad se ha congelado, entendido en términos físicos. Esto es, ha reducido su movimiento al mínimo, siguiendo lo estipulado en el estado de alarma. En los hospitales, la situación era bien distinta. La escalada de contagios ha puesto en plena ebullición un sistema sanitario que ha experimentado situaciones límites para intentar paliar los efectos de la pandemia por coronavirus. Un esfuerzo colectivo que permite empezar a escribir en pasado.

En esa contrarreloj, los profesionales de la salud han encontrado una rápida llamada a la acción de la I+D+I. La búsqueda de vacunas o de fármacos es la punta de lanza del esfuerzo científico, respaldada por acciones como el Fondo COVID-19 del Instituto Carlos III o la convocatoria de la Junta de Andalucía. Pero, en el corto plazo, las soluciones no se han hecho esperar demasiado.

Una de las demandas más urgentes al inicio de la crisis han sido los ventiladores artificiales. Estos tenían la misión de dar soporte a los casos que implicaban mayor gravedad, por su rápida evolución hacia la dificultad respiratoria aguda (SDRA). La acelerada expansión del SARS-CoV-2 llevó al límite la capacidad del sistema sanitario, a la vez que saturó el mercado con solicitudes de los gobiernos reclamando material.

Imagen durante el primer ensayo con humanos.

Ante ello, y en apenas tres semanas, un equipo andaluz ha diseñado ‘Andalucía Respira’. Una ‘bomba de oxígeno’ para pacientes y profesionales. Este respirador mecánico de espíritu malagueño nace con dos particularidades: se puede construir a mano y utiliza piezas de acceso común. Como material de fontanería o un sistema automático empleado, por ejemplo, para controlar puertas de garaje. A fin de cuentas, innovar no siempre es desarrollar algo radicalmente nuevo. También consiste en aportar una solución distinta con algo que ya existe.

“Empleamos material que ya está en la industria, solo que orientándolo a un uso médico, para no tener problemas de suministro”, señala Víctor Muñoz, catedrático de Robótica Médica de la Universidad de Málaga (UMA) y responsable del equipo de ingeniería del proyecto ‘Andalucía Respira’. Su labor la ha desarrollado dentro de un equipo de carácter multidisciplinar, compuesto por otros investigadores de la UMA, científicos de Instituto de Biomedicina de Málaga (IBIMA) y médicos de los hospitales universitarios Regional de Málaga (HURM) y Virgen de la Victoria (HUVV), con la coordinación de la Fundación Progreso y Salud.

El origen del proyecto, narra, se remonta hace treinta años. Momento en que el cirujano Ignacio Díaz de Tuesta defiende su tesina de licenciatura, planteando el diseño de un protorespirador. Junto con Carlos Pérez del Pulgar (UMA), “le dimos una vuelta a la idea, desechamos usar electrónica más compleja que implica más tiempo de programación, y usamos sistemas automáticos sencillos, con pocas instrucciones, pero muy robustos”, apunta el catedrático.

Sobre esa base, toma forma una solución que cuenta ya con el visto bueno de la Agencia Española del Medicamento. Un sistema que consigue suministrar oxígeno al paciente mediante conducción, y no oxígeno de ambiente como en otras iniciativas que han surgido durante la pandemia, evitando, además, componentes móviles para minimizar el riesgo de fallo mecánico o fatiga de materiales.

Andalucia Respira.

Experiencia y talento

En el transcurso de la conversación, Víctor Muñoz saca a relucir una anécdota: un amigo está preparando un artículo sobre el proceso de creatividad del proyecto. Él mismo ha trabajado sobre un diario que recoge sus vivencias. Con unas jornadas de trabajo maratonianas, de hasta 16 horas, y el reto de ofrecer una solución en muy pocos días, no había tiempo que perder. “La intuición son decisiones del cerebro que usted aún no sabe”, reflexiona, “confiamos mucho en la experiencia previa que todo el mundo aplicó aquí”.

La urgencia de tener ‘Andalucía Respira’ solo dejaba espacio a la acción. “Yo hago robótica. Imagino un robot, escribo las ecuaciones, las analizo, las simulo, programo, y luego, valido. En este proyecto pasamos del diseño a la validación, dejando todos los pasos intermedios en lo mínimo. No teníamos tiempo para revisar el por qué algo no funciona, íbamos inmediatamente a aplicar otra fórmula distinta que sí lo hiciera”, comenta el investigador.

El método de desarrollo que siguieron, además, contaba con una estructura escalable, “como cuando tienes ya seguro un piso de un edificio y empiezas a construir el siguiente”, aclara. Algo que reforzaban simultaneando el desarrollo de las distintas fases. “Si sabíamos que un prototipo estaba ya funcionando, o a punto, empezábamos con el siguiente mientras se hacían las pruebas concretas”, apunta Víctor Muñoz.

Para él, una clave del éxito es la suma de talentos. Un equipo que aportaba de manera muy complementaria al proyecto. En nombre propio, además de los citados más arriba, están Miguel Ángel Prieto, Emilio Curiel y Ricardo González-Carrascosa (HURM), José Luis Guerrero Orriach (HUVV), Gonzalo Varela Simón (Hospital Universitario de Salamanca) y María Victoria de la Torre (UMA), además de los miembros del IBIMA Isabel Guerrero, María Mengual, Juan Aranda, Gloria Luque y José Miguel Guzmán, incluido Francisco J. Tinahones, su director científico.

Prototipo del respirador en su fase 2.

De Málaga, al mundo

Una vez concluido el proceso de homologación, se estima que ‘Andalucía Respira’ tenga un ritmo de fabricación de unos 50 respiradores a la semana. Sobre ello están varias empresas con sede en Andalucía, como es el caso de Fujitsu en Málaga, las factorías de Efficold en Córdoba, Navantia en su planta de Cádiz, en la jienense Avantecsur, y en las sevillanas de Airbus y Alestis.

Con el fin de garantizar que los respiradores cuentan con todas las medidas de seguridad y eficacia, las unidades que se vayan produciendo, son validadas por un laboratorio externo que vela por el cumplimiento en materia de seguridad y controla, además de la producción en sí misma, que dispongan de los correctos mecanismos de alarma en caso de apagón u otra incidencia.

“En Ingeniería se dice que la teoría es aquello que todo el mundo sabe, pero no funciona, y la práctica es aquello que funciona y nadie se explica por qué”, asevera Víctor Muñoz. En este caso, el equipo de ‘Andalucía Respira’ ha sabido hacer, en apenas un suspiro, de la experiencia un grado y de la necesidad virtud. Una muestra de la capacidad innovadora de la región ante tiempos difíciles.


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