Receta de un abono de tomateras para una agricultura circular

Un equipo de investigación de la Universidad de Almería ha empleado la biomasa procedente de la horticultura almeriense para producir un compuesto que mejora la fertilidad del suelo agrícola. Esta enmienda orgánica iguala la efectividad de los fertilizantes convencionales, es menos contaminante y puede emplearse cada siete meses, coincidiendo con los periodos habituales de cultivo intensivo en la zona.

Autoría: Alba Madero / Fundación Descubre


Almería |
29 de junio de 2022

Cuando Hernán Cortés introdujo el tomate en Europa en el siglo XVI, probablemente no se llegó a imaginar la popularidad que alcanzaría el fruto. Al fin y al cabo, en aquella época se lo consideraba venenoso, y botánicos como el italiano Piero Andrea Mattioli lo catalogaron dentro de la familia de las mandrágoras, que más allá de las leyendas sobre sus propiedades mágicas, eran plantas altamente tóxicas.

Tomates.

Sin embargo, el tiempo demostró que el tomate era inocuo. Incluso llegó a publicarse en el siglo XVIII en España la primera receta que contenía este fruto, publicada en ‘Nuevo arte de cocina’, obra del fraile franciscano Juan de Altamiras. Así, todo jugó a favor para que este producto se extendiera en la cocina mediterránea.

Como consecuencia de la nueva popularidad del tomate, también fue creciendo la demanda y se ampliaron las zonas de cultivo. En la actualidad, Extremadura y Andalucía son los primeros productores de este fruto en España.

Para que su cultivo sea menos contaminante y se aprovechen, incluso, los residuos de la agricultura, el grupo AGR 200: Producción vegetal en sistemas de cultivo Mediterráneos de la Universidad de Almería ha desarrollado un biofertilizante elaborado con desechos de tomatera más barato y sostenible que los tradicionales.


En concreto, los expertos proponen aplicar un tratamiento térmico a los restos de cultivo del año anterior, que habitualmente que habitualmente se descartan en centros de gestión de residuos. Con esta enmienda orgánica, también se reduce el consumo de agua que realiza cada planta y se mejora la fertilidad del suelo. Además, puede emplearse cada siete meses aproximadamente, coincidiendo con los periodos de cultivo habituales de la horticultura almeriense.

Prescindir de los abonos tradicionales

Normalmente, los fertilizantes tradicionales presentan desventajas como la degradación de los suelos agrícolas, los malos olores y la contaminación de acuíferos, entre otras cuestiones.

Primera de las técnicas para obtener biofertilizante a partir de la cosecha de tomates.

Para disminuir el impacto ambiental de estos abonos, los científicos proponen prescindir totalmente de ellos y emplear esta enmienda orgánica, elaborada con restos de tomateras y eficaz contra agentes patógenos como hongos, bacterias y virus. “Se trata de una opción alternativa, más sostenible y más barata que los compuestos que se emplean normalmente, dado que la materia prima son los desechos de la campaña de cultivo anterior”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Almería Francisco José Castillo Díaz.

En el estudio, publicado en Agronomy, los investigadores explican que emplearon la biosolarización para elaborar esta enmienda orgánica. La técnica combina restos de la cosecha del año anterior con un tratamiento térmico para obtener el abono. “El tiempo que tarda la biomasa en transformarse en abono puede variar en función de las necesidades del agricultor. Pero normalmente está listo en un periodo que oscila entre los 30 y los 90 días”, añade Francisco José Castillo Díaz.

Otra de las fases para conseguir biofertilizantes a partir de los desechos del tomate.

Los expertos concluyeron que este biofertilizante iguala la efectividad de los abonos convencionales, es más sostenible, menos contaminante y puede emplearse cada siete meses aproximadamente, coincidiendo con los periodos de cultivo habituales en la zona.

De este modo, los científicos explican que su propuesta sustituye a los fertilizantes tradicionales y, por tanto, serviría como recurso sostenible para abordar uno de los desafíos que recoge la Estrategia de la Unión Europea ‘De la Granja a la Mesa’: la reducción del 20% del uso de fertilizantes.

Aunque en el siglo XVI el tomate no se consideraba un alimento popular, en la actualidad nadie se imagina la gastronomía española sin él. Al fin y al cabo, ¿qué sería del salmorejo y el gazpacho andaluz sin este fruto? ¿Cuál sería la base, ya sea frito o natural, de las pizzas y complemento de carnes, ensaladas y otros manjares?

Más información en #CienciaDirecta: Desarrollan un biofertilizante con desechos de tomatera más barato y sostenible que los tradicionales


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