¿Quién se come a quién? La vida invisible de los lagos de Sierra Nevada
Un equipo de investigación de la Universidad de Sevilla ha definido las relaciones alimentarias entre los organismos de tres lagos alpinos de esta reserva de la biosfera andaluza, un paso para entender mejor qué ocurriría en estos ecosistemas de alta montaña frente a perturbaciones ambientales producidas por el cambio climático.
Al amanecer, cuando el deshielo empieza a deslizarse ladera abajo y el silencio de la alta montaña solo lo rompen el viento y el estridular de algún insecto, las lagunas de Sierra Nevada parecen dormidas. A simple vista, todo es paz: tan solo un paisaje rocoso, con briznas de hierba asomando entre los parches de nieve. Las quietud de las aguas tampoco revela demasiado, pero bajo esa superficie fría y transparente se libra una batalla silenciosa por la supervivencia
Un equipo de la Universidad de Sevilla se ha adentrado en ese mundo oculto para descifrar la cadena alimentaria de tres lagos alpinos de Sierra Nevada y comprender cómo podrían responder estos ecosistemas extremos a las adversidades climáticas. Se trata de la primera vez que se aplica una técnica basada en marcadores químicos para obtener una ‘radiografía’ precisa de la red trófica, es decir, el ‘quién se come a quién’ de las comunidades biológicas de este ecosistema.
Las lagunas, situadas a una altitud de casi tres mil metros en el macizo de Sierra Nevada, comparten condiciones límite: temperaturas bajas, escasez de nutrientes y ausencia total de peces u otros vertebrados. Aquí, la vida se sostiene gracias a:
- Microorganismos.
- Plantas acuáticas.
- Invertebrados como crustáceos, larvas de insectos o escarabajos acuáticos.
Una ‘huella química’
Para reconstruir esta red trófica sin observar directamente la depredación, los investigadores recurrieron a una herramienta poco habitual fuera de los grandes laboratorios: el análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno, que permite identificar una ‘huella química’ en cada organismo que delata tanto el origen de su alimento como el lugar que ocupa en la jerarquía alimentaria.
El carbono permite saber si la energía procede del interior de la laguna o llega desde el exterior -por ejemplo, arrastrada por el deshielo-, mientras que el nitrógeno funciona como un marcador de nivel trófico. Cuanto más alto es su valor, más arriba se encuentra el organismo en la cadena. Así, sin necesidad de cámaras ni observaciones prolongadas, los científicos pudieron dibujar el mapa completo de estas comunidades.
Los resultados, publicados en la revista Inland Waters, revelan que las redes tróficas de estas lagunas son cortas y simples, una característica típica de ecosistemas pobres en nutrientes. Muchas especies comparten los mismos recursos y algunas adoptan estrategias de supervivencia como el canibalismo. “Es el caso de los escarabajos acuáticos, por ejemplo, que consumen casi cualquier presa disponible, incluso individuos de su misma especie. El canibalismo es una respuesta lógica a la escasez”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Sevilla José Antonio Carbonell.
Tres lagunas, tres historias
Aunque comparten altitud y dureza ambiental, cada laguna cuenta su propia historia ecológica.
- Laguna Cuadrada presenta la red más simple: pocas conexiones y un alto grado de oportunismo alimentario. Es un sistema directo, casi austero, donde sobrevivir depende de la capacidad de adaptarse rápido.
- Laguna de Aguas Verdes, en cambio, muestra una estructura algo más compleja. Durante el deshielo recibe aportes de agua de arroyos y de praderas húmedas cercanas, lo que amplía el abanico de fuentes de alimento. Sin embargo, los expertos afirman que esa misma complejidad puede ser una debilidad, ya que pequeños cambios en el agua o en la materia orgánica que llega del exterior pueden desestabilizar todo el sistema.
- Laguna de la Caldera, de origen glaciar y sin entradas continuas de agua, ofrece otro escenario. Aquí los valores elevados de nitrógeno indican que hay pocas fuentes primarias de alimento y más relaciones de consumo entre los organismos. Un ecosistema cerrado, donde casi todo depende de cada individuo para conseguir alimento.
“Todo está conectado”
Comprender cómo se organizan estas redes alimentarias no es solo un ejercicio académico. En un contexto de calentamiento global, las lagunas alpinas funcionan como auténticos sensores naturales. “Un sistema con muchas conexiones puede resistir pequeñas perturbaciones, pero también puede colapsar si se altera una pieza clave. Por eso, lagos como Aguas Verdes podrían ser especialmente sensibles a variaciones de temperatura o a cambios en la disponibilidad de nutrientes.”, señala José Antonio Carbonell.
Decía el naturalista Alexander von Humboldt que “en la naturaleza, todo está conectado”. En las lagunas de Sierra Nevada, esa idea se materializa en forma de diminutas ‘huellas químicas’ que, precisamente, relevan la interconexión entre los organismos que habitan el ecosistema. Lagunas a gran altura donde parece no ocurrir nada pero donde cada cambio, como una primavera más cálida o un deshielo más breve, puede romper los enlaces que sostienen esta cadena biológica.

Susana Pallarés y José A. Carbonell, autores del estudio, recogiendo muestras (Foto. Pedro Abellán)
Quizá por eso estas aguas aparentemente quietas y pacíficas son algo más que paisajes de postal: son archivos vivos del clima y de la vida. Comprender los ciclos vitales de los organismos que viven en ellas es una forma de ayudar a preservarlos.
Más información en #CienciaDirecta: Analizan la ‘cadena alimentaria’ de los lagos de Sierra Nevada para anticipar su respuesta al cambio climático
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