27 de julio de 2026

¿Por qué respirar el humo de los incendios es dañino para la salud?

Fotografía ilustrativa de la noticia

La creciente incidencia de los incendios forestales aumenta el riesgo de exposición a estos desastres, que no solo perjudicarán la actividad y biodiversidad de áreas colindantes, sino también empeorarán la salud física y psicológica de sus habitantes. El humo de los grandes fuegos es una mezcla compleja de gases y partículas finas que dañan nuestro organismo tras penetrar en las vías respiratorias y acceder al torrente sanguíneo.

Los incendios forestales han aumentado de forma considerable en las últimas décadas. Este fenómeno los convierte en motivo de preocupación a escala mundial, debido a su impacto en el medioambiente y la salud de las personas, según destaca un informe de 2024 del Centro Nacional Interinstitucional contra Incendios.

Bomberos forestales remojaban una zona ante el avance del incendio de Murias de Ponjos (León), el viernes pasado. / EFE | J.Casares

Bomberos forestales remojaban una zona ante el avance del incendio de Murias de Ponjos (León), el viernes pasado. / EFE | J.Casares

El cambio climático ha endurecido su capacidad de extinción, y países como Estados Unidos ya observan un grave incremento anual de nuevos incendios. De hecho, allí se reportaron más de 64 897 fuegos forestales en 2024, una cifra muy superior a las medias de los últimos 5 y 10 años.

En España, un informe de Greenpeace, con datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), apunta a que los incendios extremos seguirán creciendo con un incremento estimado del 14 % para 2030, del 30 % para 2050 y hasta del 50 % para finales de siglo si no se adoptan medidas eficaces de prevención.

Perjudicial para la salud física

En concreto, estos desastres no solo perjudicarán la actividad y biodiversidad de áreas colindantes, sino también empeorarán la salud física y psicológica de sus habitantes. Varias investigaciones advierten de que la exposición al humo agrava patologías previas como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y puede aumentar la mortalidad prematura de población vulnerable.

El cambio climático intensifica la lucha contra incendios. / Pexels

El cambio climático intensifica la lucha contra incendios. / Pexels

Así, un estudio publicado este año en la revista GeoHealth analiza más de 139 investigaciones publicadas entre 1997 y 2023 para aclarar las secuelas físicas y psicológicas de los incendios.

Hasta después del año 2000, la evidencia científica era muy escasa y no fue hasta que la frecuencia y gravedad de fuegos forestales en California y Australia se agravó –junto con sequías prolongadas y fenómenos meteorológicos extremos– que llevó al mundo académico a intensificar sus esfuerzos por analizar el impacto del cambio climático en áreas como la salud, lo que se conoce como One Health.

En primer lugar, los hallazgos del trabajo sostuvieron que el humo de los incendios provocaba síntomas muy graves en personas con asma, además de incrementar las visitas al hospital tras una exposición prolongada a partículas PM10 (partículas en suspensión de 10 milímetros), PM 2.5 y carbono negro.

Asimismo, la exposición específica a la PM2.5 se asoció a un aumento en las dispensaciones de salbutamol y a mayores probabilidades de visitas al médico especialista en enfermedades respiratorias. En cambio, una exposición a largo plazo al humo de los incendios se relacionó con anomalías pulmonares obstructivas.

En segundo lugar, las admisiones hospitalarias por afecciones cardiovasculares también crecieron con la exposición a este tipo de partículas finas. En particular, la bibliografía señalaba que inhalarlas con frecuencia aumentaba los eventos cardíacos fuera del hospital y el riesgo de cardiopatía isquémica. Finalmente, la abundancia de PM 2.5 también se relacionó con la morbilidad por cáncer de pulmón, de nasofaringe, esófago, estómago, colon, laringe, piel, mama, próstata y testículo.

Grupos vulnerables

Entre los grupos de personas más vulnerables al humo de los incendios se encuentran los enfermos crónicos, las personas con asma, las mujeres embarazadas, los bebés y los ancianos. Según explica a SINC el profesor titular de neumología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), Javier González, los enfermos crónicos son el tipo de población con mayor grado de vulnerabilidad, además de aquellos que padecen alguna patología cardiorrespiratoria (como el asma) y no lo saben.

Por otro lado, “la población que sufre menos daño son los jóvenes, pero sabemos que una exposición muy alta les puede dejar secuelas permanentes”, explica el experto ajeno al estudio. “A veces, por una sola exposición muy intensa se puede desarrollar asma crónica sin haberla tenido antes: esto se conoce como ‘asma por irritantes’”.

Medidas de prevención frente al humo

Para protegerse del humo, el experto anima a permanecer en el interior y cerrar puertas y ventanas cuando la calidad del aire sea perjudicial. Si por cualquier circunstancia hay que salir, se deben hacer uso de las mascarillas. Entre otras recomendaciones, el Ministerio de Sanidad expone que se deben proteger a los grupos especialmente vulnerables, reducir la actividad física y seguir en todo momento las indicaciones de las autoridades sanitarias. Además, tras los incendios resulta esencial extremar las precauciones en la limpieza de cenizas y garantizar la seguridad del agua y de los alimentos.

Más allá del humo

Otros estudios explican que los impactos de los incendios en la salud mental impactan de forma significativa y duradera en los más jóvenes. Los adolescentes son mucho más vulnerables a estos efectos, con un mayor número informes de depresión e ideación suicida después de fuegos forestales.

Una investigación, publicada este año en Journal of Traumatic Stress, indica que el incremento de los incendios ha generado posibles consecuencias psicopatológicas como el trastorno de estrés postraumático, la depresión y la ansiedad.

De todas las personas estudiadas, 26 de cada 100 desarrollaron estrés postraumático, 29 presentaron síntomas de depresión y 25 sufrieron problemas de ansiedad. Además, los resultados del trabajo afirmaron que las tasas de prevalencia fueron superiores al 14 % para cada trastorno, lo que sugirió que prosiguieron con sus patologías varios meses después de los incidentes.

Estos hallazgos fueron generales para todo tipo de personas, ya que hasta los profesionales que se encargan de extinguirlos pueden sufrir problemas de salud mental cuando se enfrentan cara a cara con un incendio. Un estudio, publicado en Journal for Wildland Fire, expuso que la prevalencia de trastornos mentales, como el estrés postraumático, rondaba entre el 10 y el 37 % en bomberos.

Mediante una serie de entrevistas a 700 profesionales norteamericanos, la investigación expuso que el 43,6 % de ellos mostraron signos de depresión, el 48,9 % problemas de ansiedad, un 16, 5 % ideas suicidas agravadas por el estrés laboral y un 22, 7 % abuso de sustancias. Los detonantes fueron la exposición a accidentes, la carga física, la exposición al humo, las condiciones de trabajo y la exposición mediática.

En definitiva, la crisis climática y la falta de prevención agravan la exposición ciudadana a los incendios, eventos que no solo destruyen hogares, flora y la rica biodiversidad de las zonas en las que impactan, sino también en la salud visible e invisible de las personas que sufren sus efectos en primera persona.


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