Almería /
06 de abril de 2026

Los gigantes de yeso en Pulpí y Naica que recuerdan el clima de hace miles de años

Fotografía ilustrativa de la noticia

Autoría: Alba Madero / Fundación Descubre

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Almería ha demostrado que estas formaciones geológicas pueden emplearse como archivos naturales para reconstruir cómo fueron las lluvias y las condiciones ambientales del pasado, abriendo una nueva vía para estudiar la evolución climática de la Tierra.

Hay lugares que no se buscan. Lugares que aparecen de pronto, como si la Tierra decidiera dejarse ver por dentro. Ocurrió en el año 1999 en Pulpí, en Almería, cuando unos excursionistas que buscaban minerales en una mina abandonada atravesaron una pared cualquiera y se encontraron con algo que no encajaba en un mundo de oscuridad y polvo: una cavidad recubierta de cristales transparentes de hasta dos metros, afilados y perfectos, creciendo en todas direcciones. Un secreto gestado por la Tierra durante miles de años.

Debió de producirse un silencio extraño entre los mineros en ese momento, resultado de esa mezcla de asombro y alegría que solo surge de los descubrimientos.

A miles de kilómetros, en Naica, en México, otros hombres entrarían un año después en una cueva donde los cristales no cabían en la mirada. Formaciones geológicas de yeso de hasta once metros atravesaban el espacio como si fueran las columnas que sostienen la Tierra. Allí, entre el calor extremo y el aire irrespirable, los cristales conservan en la actualidad una historia intacta que no se puede leer a simple vista.

Los cristales de Naica, México, miden hasta once metros.

Esa historia es la que ahora ha logrado descifrar un equipo internacional de investigación liderado por la Universidad de Almería. Su trabajo demuestra que estos megacristales de yeso de caras perfectas no son solo formaciones geológicas espectaculares: son también archivos naturales del clima del pasado, un registro de cómo eran las lluvias y las condiciones ambientales hace cientos de miles de años.

La datación y el agua

Para llegar hasta esa conclusión, los científicos han combinado dos claves: la datación de los cristales y el agua que contienen en su interior.

Por un lado, han logrado datar con mayor precisión la edad de estos cristales mediante una técnica basada en la proporción de uranio y torio, dos elementos presentes en cantidades ínfimas en el yeso. Aunque este mineral siempre ha sido difícil de fechar precisamente por esa escasez, un método permite obtener estimaciones más fiables incluso en estas condiciones. “ el análisis en un laboratorio especializado de la Academia China de Ciencia en Pekín, en China, uno de los pocos lugares del mundo donde se puede medir y comparar cantidades ínfimas de estos elementos presentes en el mineral”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Almería Fernando Gázquez Sánchez.

Por otro lado, han analizado el agua que quedó atrapada en el interior del cristal durante su formación, dado que estos gigantes minerales no crecen de golpe, sino lentamente, a medida que el agua subterránea rica en sales circula por las oquedades de la roca. En ese proceso, pequeñas cantidades de líquido quedan fijadas a la estructura de yeso, como una cápsula del tiempo.

La geoda de Pulpí, en Almería, contiene cristales yeso de hasta dos metros.

La composición de ese líquido es su ‘firma química’ y, al analizarla, los investigadores pueden reconstruir las condiciones en las que se formó el cristal: la temperatura, la cantidad de lluvia o el origen de los fluidos que circulaban bajo tierra. Estos datos revelan cómo era el clima del pasado.

La historia del clima

Los resultados revelan historias distintas en cada lugar.

  • En la cueva de Naica, uno de los cristales comenzó a crecer hace unos 31.000 años, en el tramo final de la última glaciación, y continuó desarrollándose hasta finales del siglo XX. Su interior registra así la transición desde un clima más frío hacia las condiciones más cálidas actuales.
  • En la geoda de Pulpí, en cambio, la base del cristal analizado se formó hace unos 191.000 años. Los datos apuntan a un sistema subterráneo mucho más estable, donde el agua circuló durante largos periodos sin grandes cambios. Un equilibrio que hoy ya no existe y que ha detenido el crecimiento de estas formaciones.

Más allá de su valor como curiosidad geológica, estos cristales abren una nueva vía para estudiar el clima de la Tierra. Hasta ahora, los científicos han recurrido a registros como sedimentos marinos, anillos de árboles o núcleos de hielo para reconstruir el pasado. Ahora, el yeso se suma a esa lista de fuentes de información.

Los investigadores en la cueva de Naica, México.

En el fondo, lo que guardan estos cristales no es solo agua antigua. Es memoria. Una memoria que se escribe con átomos en el corazón de la Tierra y que ha permanecido intacta durante miles de años, esperando a que la ciencia avance para conocer sus profundidades.

Más información en #CienciaDirecta: Demuestran que los cristales gigantes de yeso de Pulpí y Naica registran cambios climáticos del pasado.


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