Sevilla /
31 de enero de 2026

El pacto subterráneo que mejora la calidad del tomate

Fotografía ilustrativa de la noticia

Autoría: Alba Madero / Fundación Descubre

Hay alianzas entre los hongos y las plantas que no se perciben a simple vista. En ellas se centra un grupo científico de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC) de Granada, que ha comprobado que introducir microorganismos beneficiosos del suelo en fases iniciales del cultivo incrementa las cualidades saludables del fruto. 

Hay pactos que no se firman a la vista. No hacen ruido ni dejan rastro, pero llevan millones de años sosteniendo el mundo. Una de esas alianzas es la que ocurre entre organismos distintos que, mediante esa relación de beneficio mutuo, logran sobrevivir y prevalecer ante las adversidades. Es el caso de los hongos y las plantas. Aunque, con el tiempo, esta interacción ha quedado relegada a un segundo plano a causa de los retos de la producción intensiva. 

En la actualidad, un equipo de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC) de Granada, en colaboración con la Universidad de Sevilla y la Cooperativa SAT Hortoventas (Ventas de Zafarraya, Granada), se esfuerza por recuperar estos pactos ancestrales tejidos bajo tierra. Para ello, ha demostrado que introducir hongos beneficiosos del suelo en etapas tempranas del cultivo del tomate produce frutos ricos en carotenoides, compuestos antioxidantes que protegen las células frente al desgaste provocado por procesos naturales del organismo.

Grupo de investigación MycoStress

Grupo de investigación MycoStress.

Además, la incorporación de estos microorganismos puede reducir el empleo de fertilizantes tradicionales, sin modificar el manejo agronómico habitual ni afectar a la producción, lo que supone un ahorro en costes de este recurso para los agricultores. 

La clave está en el momento. La inoculación se realiza en el vivero, antes de que las plantas sean trasplantadas al campo. De este modo, la simbiosis -esa relación de beneficio mutuo- se establece desde el inicio y las plantas quedan ‘vacunadas’ antes de que el agricultor las trasplante en el campo. Los resultados, validados en condiciones reales de producción agrícola, muestran incrementos de entre un 30 y un 45 % en carotenoides antioxidantes como el licopeno y el β-caroteno, sustancias conocidas por su papel en la protección celular frente al desgaste natural del organismo.

Raíces que llegan más lejos

Así, lejos de añadir sustancias externas al cultivo, se trata de activar los mecanismos internos de la planta a través de su interacción natural con los microorganismos del suelo. “La planta responde estimulando rutas biológicas que ya posee, aumentando la producción de antioxidantes sin alterar el manejo agronómico habitual”, explica Juan Antonio López Ráez, investigador de la EEZ-CSIC.

El papel protagonista lo desempeñan los hongos micorrízicos arbusculares, microorganismos que establecen una relación de beneficio mutuo con las raíces de la mayoría de las plantas. A través de una red de hebras microscópicas, amplían el alcance del sistema radicular vegetal y facilitan el acceso a nutrientes y agua que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de la planta. A cambio, reciben azúcares producidos durante la fotosíntesis para completar su ciclo de vida.

Micorrización.

Micorrización.

Esta colaboración:

  • Mejora la nutrición vegetal. 
  • Refuerza la tolerancia al estrés hídrico.
  • Ayuda a reforzar las defensas de la planta frente a patógenos. 

No obstante, los investigadores advierten que en un contexto de uso intensivo de fertilizantes, estas ‘alianzas subterráneas’ suelen debilitarse. Por eso, el estudio publicado en Journal of Agricultural and Food Chemistry plantea reducir parcialmente estos aportes y complementarlos con la inoculación temprana de hongos. “La sobrefertilización rompe la comunicación entre planta y hongo”, añade Juan Antonio López Ráez. 

Alianzas bajo tierra

El trabajo se desarrolló en un campo experimental de la cooperativa SAT Hortoventas, en Ventas de Zafarraya (Granada). Allí se comprobó que esta estrategia no reduce la producción ni obliga a modificar las prácticas agrícolas habituales, lo que convierte la propuesta de los expertos en un complemento viable para la fertilización tradicional desde el punto de vista técnico y económico.

El ensayo se llevó a cabo en un campo experimental.

El ensayo se llevó a cabo en un campo experimental.

Los expertos añaden que además del impacto en la calidad del fruto, esta aproximación permitiría reducir entre un 25 y un 50 % el uso de fertilizantes tradicionales, con el consiguiente ahorro de costes y la disminución de problemas ambientales asociados a la contaminación de suelos y aguas subterráneas.

En un contexto marcado por la búsqueda de la sostenibilidad, tal y como recogen los objetivos del Pacto Verde Europeo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, los expertos del grupo MycoStress recuperan las viejas alianzas que se pactan en la naturaleza. Invisibles. Silenciosas. Eficaces relaciones de beneficio mutuo que llevan millones de años sosteniendo los ecosistemas y que hoy encuentran un espacio en la agricultura moderna.

Más información en #CienciaDirecta: ‘Vacunan’ plantas de tomate con hongos para obtener frutos con más antioxidantes


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