Sin cirugía, ni implantes: cómo estimular el cerebro para frenar conductas compulsivas
Cada cerebro es un mundo y si nos lo proponemos, cada uno de nosotros podemos ser escultores de nuestro propio cerebro. Esta idea la sostenía Santiago Ramón y Cajal, padre de la neurociencia y uno de los científicos más destacados de nuestra historia. Sus descubrimientos han transformado nuestra comprensión del cerebro, un órgano que, pese a no ser un músculo, si se ejercita, se puede entrenar. Y aunque no crece como lo haría un bíceps, sí puede volverse más flexible, eficiente y adaptable con el entrenamiento adecuado.
Cuando aprendemos algo nuevo o repetimos una conducta, las neuronas implicadas refuerzan sus conexiones, creando nuevos circuitos u optimizando los ya existentes. A este proceso se le llama neuroplasticidad y explica por qué la práctica y la rehabilitación pueden mejorar funciones como la memoria, la atención o el control de la conducta.
Para intervenir sobre esta última, en concreto sobre comportamientos compulsivos, un equipo de investigadoras de la Universidad de Almería ha aplicado una técnica no invasiva, indolora y cada vez más utilizada en el ámbito clínico para observar cambios neuronales clave que podrían ayudar a explicar —y en el futuro reducir— comportamientos compulsivos asociados a trastornos como la adicción, la ansiedad o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

De izquierda a derecha: Ángeles Prados-Pardo, Julián Guarque Chabrera, Manuela Olmedo-Córdoba, Margarita Moreno Montoya, Álvaro López Villegas, Paula Bermúdez y María Cadalso.
El estudio, desarrollado por la línea de investigación que dirige Margarita Moreno Montoya en el grupo de investigación Neurociencia Clínica y Experimental junto al Centro de Investigación para el Bienestar y la Inclusión Social (CIBIS) en la Universidad de Almería, se centra en la estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS), un método que aplica una corriente eléctrica de baja intensidad sobre el cuero cabelludo mediante pequeños electrodos. Sin intervención quirúrgica ni implantes intracraneales de ningún tipo.
Técnica menos invasiva frente a la compulsividad
La tDCS actúa directamente sobre la corteza frontal, una región del cerebro que regula la toma de decisiones y el control de los impulsos. Esta zona, conocida popularmente como ‘el centro de la personalidad’, desempeña un papel fundamental en los comportamientos compulsivos, presentes en trastornos como la esquizofrenia, la ansiedad o las adicciones.
Hasta ahora, el análisis de estas respuestas cerebrales requería técnicas invasivas, como implantes colocados directamente en el cerebro. Sin embargo, este trabajo publicado en la revista Molecular Neurobiology, propone una alternativa pasiva e indolora. “Es una estrategia terapéutica eficaz y segura que provoca modificaciones cerebrales para adaptarse formando nuevas conexiones neuronales”, explica Margarita Moreno Montoya, investigadora de la Universidad de Almería y una de las autoras principales del estudio.
Estudio con roedores vulnerables a la compulsividad
El equipo evaluó los efectos de esta técnica no invasiva en ratas macho que habían desarrollado una conducta compulsiva de consumo excesivo de agua, conducta que desarrollaron tras un entrenamiento previo. Se establecieron dos grupos: uno de control, sin estimulación, y otro que recibió sesiones diarias de tDCS durante ocho días consecutivos, con aplicaciones de 20 minutos sobre la corteza frontal.
Los resultados mostraron un aumento significativo de marcadores neuronales relacionados con la plasticidad cerebral en el grupo de roedores que habían recibido tratamiento. Sin embargo, a nivel conductual, la estimulación no produjo una reducción inmediata de la compulsividad. “Esto indica que la corriente eléctrica modificó determinadas conexiones neuronales. Es decir, que aunque el cambio no fue visiblemente inmediato en la conducta, el cerebro sí mostró señales claras de estar reorganizándose, sentando las bases para posibles efectos terapéuticos a largo plazo”, detalla Margarita Moreno Montoya.
Nuevas vías de investigación: emociones, estrés y serotonina
El estudio abre otras líneas de trabajo. En este sentido, las investigadoras recomiendan el análisis del impacto de este tipo de estimulación en la amígdala, la región del cerebro relacionada con las emociones y las respuestas al estrés. “Esta vía de estudio abre nuevas posibilidades para reducir las conductas compulsivas en situaciones de estrés”, señala la investigadora.
De hecho, el siguiente paso del equipo se enfoca en el estudio del efecto de esta técnica en conductas adictivas como el consumo compulsivo de alcohol y cocaína, la flexibilidad cognitiva y las decisiones de riesgo en juego patológico. Estas conductas compulsivas pueden incluso ser asociadas a un fenómeno cotidiano: el scrolling compulsivo en el teléfono móvil. En concreto, analizan cómo el desarrollo de esta conducta podría relacionarse con cambios en la neuroplasticidad en el cerebro que perjudica la toma de decisiones así como las emociones, al afectar a la regulación de la serotonina.
Mientras tanto, la tDCS se consolida como una herramienta clave para entender mejor el cerebro humano y sus conductas más complejas, ofreciendo una alternativa sin cirugía, ni implantes para el futuro tratamiento de trastornos compulsivos y frenar estas conductas.
Más información en #CienciaDirecta: Aplican una técnica no invasiva e indolora para analizar cómo responde el cerebro en la conducta compulsiva
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