Aprender a cuidar en el aula para mejorar las notas del alumnado
En la película japonesa de 2015 Flying Colors, una adolescente a la que casi nadie toma en serio empieza a cambiar su actitud hacia los estudios cuando tanto su madre como un profesor deciden confiar en ella. La forma de acompañar de este último, caracterizada por la paciencia y la propuesta de pequeños retos diarios, difiere mucho del desprecio que la protagonista recibe habitualmente en el aula.
A veces, el aprendizaje real empieza cuando el adolescente descubre que es válido, que una trayectoria académica irregular puede corregirse con esfuerzo y acompañamiento, y que puede seguir intentándolo.
En un aula real, lejos del ritmo amable del cine, esta escena se repite de formas mucho más discreta. Tan solo hay que pensar en casos cercanos, como el de ese docente que detecta la frustración antes de que se convierta en abandono escolar. El de la profesora que logró orientar sin humillar. En ocasiones se trata, simplemente, de una pregunta hecha a tiempo. De un conflicto resuelto desde la empatía y el cariño de quienes comparten espacio todos los días.
En esa frontera entre lo académico y lo emocional se sitúa un equipo de investigación de la Universidad de Málaga, que ha analizado si la forma en que el profesorado gestiona las emociones en el aula se relaciona con el entusiasmo, la dedicación y la implicación con los estudios del alumnado. El trabajo, realizado con 518 estudiantes de entre 12 y 18 años de cuatro centros educativos andaluces, muestra que una mayor inteligencia emocional percibida en el profesorado se asocia con niveles más altos de compromiso académico.
La principal novedad del estudio es que no analiza la inteligencia emocional del profesorado desde la perspectiva de los propios docentes, sino desde los ojos del alumnado. Los investigadores estudian qué ocurre cuando los estudiantes perciben que sus profesores reconocen mejor las emociones, responden a sus necesidades y generan un clima de clase más positivo.
Desde los ojos del alumnado
Los resultados muestran que el apoyo del profesorado en el aula se asocia con un mayor compromiso académico. Cuando el alumnado se siente acompañado, tiende a mostrarse más implicado, más enérgico y más conectado con las actividades escolares. “Los equipos docentes no solo transmiten contenidos; también son una referencia emocional dentro del aula. La forma en que resuelven conflictos o sostienen al alumnado puede influir en cómo los adolescentes se vinculan con sus estudios”, explica a la Fundación Descubre el investigador Jorge Gómez Hombrados, de la Universidad de Málaga.
En el estudio, titulado Teachers’ emotionally intelligent behaviors and students’ academic engagement: the mediating role of teacher support y publicado en la revista European Journal of Psychology of Education los expertos indican que un comportamiento emocionalmente inteligente en el profesorado implica saber reconocer qué ocurre en el aula, comprender cómo puede afectar al aprendizaje y responder de forma adecuada.
Esto puede traducirse, por ejemplo, en detectar cuándo el alumnado se frustra, gestionar un conflicto sin aumentar la tensión o generar un clima en el que el grupo se sienta escuchado y apoyado.
Para realizar el trabajo, los investigadores desarrollaron un cuestionario que fue respondido por estudiantes de primero de ESO a segundo de Bachillerato. En una primera fase, el alumnado valoró aspectos relacionados con la inteligencia emocional percibida en sus docentes, el apoyo recibido por parte del profesorado y sus propias competencias emocionales.
Cinco meses después, el equipo volvió a recoger datos para comprobar si esas percepciones iniciales se relacionaban con su compromiso académico posterior, entendido como energía, dedicación e implicación con los estudios.
Entre las cuestiones planteadas se incluían situaciones vinculadas a la vida cotidiana del aula, como si el profesor ayuda a otros a sentirse mejor cuando están desanimados, si el alumnado puede pedir ayuda cuando la necesita o si los propios estudiantes son capaces de reconocer, utilizar y regular sus emociones.
Más entusiasmo y conexión con las tareas
Los resultados indican que los docentes percibidos como más hábiles emocionalmente favorecen la implicación en el aula de dos maneras: de forma directa, al contribuir a un clima emocional más positivo, y de forma indirecta, al hacer que los estudiantes se sientan más apoyados.
Entre las principales conclusiones del trabajo destacan:
- El alumnado que percibe más inteligencia emocional en sus docentes muestra mayor compromiso académico.
- El apoyo del profesorado ayuda a explicar esa relación.
- Los estudiantes que se sienten acompañados tienden a mostrarse más entusiasmados, dedicados y conectados con las tareas escolares.
- La propia inteligencia emocional del alumnado también se asocia con una mayor implicación académica.
- Los resultados pueden orientar programas de formación emocional para docentes.
- El estudio no establece una relación causal directa, pero sí muestra una asociación relevante entre clima emocional, apoyo docente e implicación escolar.
Formar para escuchar
La principal aplicación del trabajo sería reforzar la formación del profesorado en competencias emocionales. En la práctica, esto implica enseñar a los equipos docentes a detectar señales de frustración o tensión en el aula, responder de forma adecuada y generar un clima de clase más cercano, seguro y participativo. “Estos resultados pueden orientar programas de formación docente en inteligencia emocional, estrategias para mejorar la relación profesor-alumno, actividades de educación emocional para estudiantes e intervenciones en centros donde existan problemas de apatía o baja participación”, apunta Jorge Gómez Hombrados.
En Flying Colors, el cambio de la protagonista no llega solo porque alguien le enseñe más materia o le de clases extra, sino porque un docente decide no juzgarla por su pasado ni su presente; sino por quién sueña ser en el futuro. En las aulas reales, esa confianza suele construirse en gestos menores: una respuesta paciente, una explicación repetida sin reproche, y una forma de educar que enciende el entusiasmo.
Este estudio recuerda que la inteligencia emocional del profesorado no es un adorno añadido a la enseñanza ni una utopía cinematográfica, sino una parte del clima en el que se cría y educa la juventud. Y es que antes de implicarse en una tarea, lo que necesita el alumnado es sentir que el aula es un lugar en el que merece la pena esforzarse.
Más informacion en #CienciaDirecta:Relacionan la inteligencia emocional del profesorado con una mayor implicación del alumnado
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