Cádiz /
08 de marzo de 2026

De Borges a la ingeniería costera: cómo medir la arena grano a grano para regenerar las playas

Fotografía ilustrativa de la noticia

Autoría: Alba Madero / Fundación Descubre

Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz ha desarrollado un modelo matemático para estimar con mayor exactitud la cantidad de sedimento necesario para recuperar las costas tras un temporal u obra en estas zonas. La propuesta permite ajustar mejor el volumen añadido al litoral, reduciendo costes y respetando la composición natural del ecosistema.

Decía el poeta Jorge Luis Borges en una de sus obras, ‘El Reloj de Arena’ (1960), que “la arena es el tiempo que cae”. Esta metáfora se hace realidad en las playas, donde se acumulan años de oleaje, temporales y veranos tranquilos. Grano a grano, el mar selecciona y desplaza sedimentos hasta dibujar una forma litoral aparentemente estable pero que, en realidad, nunca deja de cambiar. Cuando el invierno golpea con fuerza, parte de esa memoria desaparece bajo el agua.

En ese momento, cuando el litoral necesita recuperar esa ‘memoria perdida’, interviene la ingeniería. Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz, en colaboración con la Universidad de Florencia, ha desarrollado un modelo matemático que permite calcular con mayor precisión cuánta arena debe aportarse para recuperar la playa sin alterar su identidad natural. El método permite estimar con mayor precisión el sedimento a aportar tras un temporal o una obra costera.

 playa Santa María Cadiz

Reducir el margen de aportación supone una ventaja económica en proyectos de regeneración de playas. Foto Pexels.

En ese mismo poema, Borges evoca al filósofo Heráclito de Éfeso y su célebre reflexión: “todo fluye, nada permanece”, una idea que resume la naturaleza cambiante del tiempo y de lo estable. Las playas son un ejemplo tangible de esa máxima: no existe una arena ‘estándar’, sino una mezcla específica de tamaños que el oleaje ha ido seleccionando durante décadas. Ese delicado equilibrio es el que sostiene su forma. Si se aporta material demasiado fino, el mar lo arrastra con facilidad; si es demasiado grueso, altera la pendiente y modifica la manera en que rompen las olas, cambiando así la dinámica natural del litoral.

Tal y como explican los expertos en su artículo publicado en  Marine Geology, el modelo propuesto no se centra solo en el cálculo de volúmenes totales, sino en el análisis detallado de la granulometría, es decir, en la comparativa grano a grano la arena nativa con la de aportación.

La identidad de las playas

Hasta ahora, el método más utilizado para estimar el volumen necesario era el ábaco de James, del año 1975, que calcula el llamado ‘coeficiente de sobrellenado’: una estimación teórica del material adicional que se debe aportar para compensar lo que previsiblemente se perderá.

Sin embargo, la propuesta de los investigadores demuestra que este sistema puede resultar excesivamente conservador, dado que sobreestimaba en más de un 60 % el volumen necesario de aportación, especialmente, cuando la arena de préstamo era más fina que la nativa. “Esto implica aportar mucha más arena de la que realmente permanecerá en la playa, lo que encarece las actuaciones y puede generar un impacto innecesario en el entorno”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Cádiz Juan José Muñoz Pérez.

Grupo Ingeniería Costera de la Universidad de Cádiz.

Para comprobarlo, los investigadores:

  • Trabajaron con muestras de la playa de Santa María del Mar, en Cádiz, y sedimento procedente del dragado del puerto de la ciudad.
  • En laboratorio, separaron los granos mediante tamices de distintas mallas para determinar el porcentaje de cada tamaño tanto en la arena original como en la de aportación.
  • A partir de esa comparación detallada, el modelo permite estimar qué fracción del material añadido permanecerá realmente en la zona emergida y cuál se desplazará hacia zonas sumergidas.

Aplicación tras los temporales

Los expertos determinaron que cuando ambas arenas son similares, las diferencias entre su método y el clásico ábaco de James son mínimas. Pero cuando no lo son, el nuevo sistema ajusta mejor la cantidad necesaria, evitando aportaciones excesivas.


Foto 5. Antes de aportar arena, bastaría con analizar la granulometría (es decir, el tamaño del grano) de la playa afectada y compararla con la del material de préstamo.

La reducción de ese margen supone una ventaja económica en proyectos de regeneración, donde cada metro cúbico adicional incrementa el presupuesto. Además, respetar la granulometría original contribuye a mantener la dinámica natural del litoral y su equilibrio ecosistémico.

En la práctica, antes de regenerar una playa, bastaría con analizar su granulometría y compararla con la del material a aportar. El modelo ofrecería entonces una estimación más ajustada del volumen que realmente permanecerá en la orilla.

El siguiente paso será validar la herramienta sobre el terreno y comprobar si las estimaciones coinciden con la arena que resiste el embate del mar. Porque, como sugieren tanto Borges como Heráclito, nada permanece idéntico a sí mismo: tampoco la costa. Y medir con mayor precisión no detiene ese flujo, pero permite intervenir en él con mayor conocimiento de la historia que cada grano lleva consigo.

Más información en #CienciaDirecta: Diseñan un método más preciso para calcular la arena aportada a las playas tras los temporales


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