Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz ha identificado estas partículas plásticas en diez playas de esta ínsula antártica, una de las zonas más aisladas del mundo. Los resultados sirven para generar un punto de referencia inicial que permita evaluar en el futuro si la contaminación aumenta.
A comienzos del siglo XX, las expediciones antárticas eran sinónimo de hazaña. Nombres de exploradores como Shackleton o Amundsen han quedado asociados para siempre a la épica del hielo infinito y a la conquista de un territorio que parecía ajeno al mundo. Por aquel entonces, la Antártida era el último confín: un lugar donde el ser humano apenas dejaba huella y donde la naturaleza imponía sus propias reglas.
Más de un siglo después, la huella es otra. Apenas visible. Fragmentada. Ligera como un grano de azúcar.
Un equipo de la Universidad de Cádiz toma el relevo de los protagonistas de ‘la Edad Heroica’ de la exploración polar, aunque con un objetivo muy distinto: analizar las huellas no visibles del ser humano. Las investigadoras han detectado por primera vez microplásticos en diez playas de la Isla Decepción, una ínsula volcánica situada en el archipiélago de las Shetland del Sur, en la Antártida.
Una fotografía para el futuro
El estudio, publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, demuestra que incluso uno de los entornos más aislados del planeta no está libre de contaminación plástica. En concreto, han detectado concentraciones de microplástico que oscilan entre 2 y 31 partículas por kilogramo de arena. “Son valores bajos o moderados si se comparan con zonas urbanas o industriales, pero resultan significativos en un ecosistema que históricamente se ha considerado prácticamente intacto”, explica a la Fundación Descubre la investigadora de la Universidad de Cádiz María Bellada Alcauza Montero.
El trabajo busca establecer un punto de partida para la monitorización medioambiental de la zona. En 2023, el equipo:
- Tomó muestras en diez playas distribuidas por toda la isla, centrando el análisis en los sedimentos intermareales, la franja que queda al descubierto con la bajamar.
- En cada localización recogieron tres réplicas de sedimento superficial, capturando así una ‘fotografía’ microscópica del presente.
- En el laboratorio, las expertas separaron las partículas ‘sospechosas’ mediante flotación con agua hipersalina: la arena se hunde; el plástico, más ligero, flota.
- Posteriormente, cada fragmento fue analizado mediante espectroscopía infrarroja (FTIR), una técnica que identifica el tipo de polímero comparando su ‘huella química’ con bases de datos de referencia.
- Los resultados confirmaron que los microplásticos estaban presentes en las diez playas estudiadas.
¿De dónde procede el plástico?
El equipo investigador revela que la mayoría de las partículas identificadas eran fragmentos procedentes de la degradación de objetos plásticos mayores. Predominaron los tonos ámbar, verdes y grises claros, colores que hablan de exposición prolongada al sol y al frío extremo, de materiales que han viajado y envejecido antes de quedar atrapados en la orilla volcánica.
Los polímeros más frecuentes fueron polietileno (PE), empleado frecuentemente en la elaboración de envases y bolsas, entre otros materiales, y policloruro de vinilo (PVC). La presencia de este último podría estar relacionada con materiales utilizados en actividades pesqueras, aunque las expertas detallan que es posible que los fragmentos plásticos se hayan transportado desde lugares muy lejanos mediante las corrientes oceánicas. Y es que el mar, que conecta continentes, también transporta residuos imposibles de detectar a simple vista.
Un ecosistema límite
La relevancia del hallazgo no radica solo en el hecho de haber encontrado microplásticos en un lugar aislado, sino en el contexto. La Antártida alberga ecosistemas extremadamente sensibles, con organismos adaptados a condiciones límite como los invertebrados bentónicos -aquellos que viven asociados al sedimento de las playas- que pueden ingerir los microplásticos y actuar como vectores de sustancias químicas potencialmente dañinas.
El trabajo constituye la primera evidencia científica de microplásticos en sedimentos intermareales de la isla Decepción y establece una línea base para futuras campañas de seguimiento medioambiental, para comprobar si la concentración de los mismos aumenta con el tiempo.
Si las expediciones del pasado buscaban plantar una bandera en el hielo, la ciencia actual busca algo más sutil: detectar la huella humana en lugares remotos. Porque el verdadero desafío ya no es conquistar ‘el fin del mundo’, sino comprender hasta qué punto lo hemos alcanzado.
Más información en #CienciaDirecta: Investigadoras andaluzas detectan por primera vez microplásticos en la isla Decepción de la Antártida
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