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Larga vida al corazón

A pesar de que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en todo el mundo, cada 14 de marzo, el Día Europeo para la Prevención del Riesgo Cardiovascular se encarga de recordar que unos hábitos de vida saludables pueden evitar hasta el 80% de los casos. Para el restante 20%, expertos como Diego Franco y su equipo de la Universidad de Jaén continúan investigando para controlar un porcentaje asociado, principalmente, a factores genéticos o hereditarios.


15 de marzo de 2016
Diego Franco / Fuente: Universidad de Jaén

Diego Franco / Fuente: Universidad de Jaén

Se producen más fallecimientos al año por trastornos en el corazón y en los vasos sanguíneos (arterias y venas) que por cualquier otra causa: unos 17,5 millones. Son tantos como el resultado de sumar los provocados por el SIDA, la tuberculosis, la malaria, la diabetes, el cáncer y las patologías respiratorias crónicas, tal y como calcula la Federación Mundial del Corazón. La buena noticia es que el 80% de estas muertes son evitables adoptando un estilo de vida que reduzca los principales factores de riesgo: el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, el colesterol, la obesidad, el sedentarismo y el alcoholismo. Con este fin, el de concienciar sobre la trascendencia de adoptar hábitos saludables, se celebra cada 14 de marzo, desde hace ya 11 años, el Día Europeo para la Prevención del Riesgo Cardiovascular.

Para Diego Franco, investigador responsable del grupo de Biología Molecular y Fisiopatologías Cardíacas de la Universidad de Jaén, el primer paso para su prevención es entender mejor en qué consiste el riesgo cardiovascular. “Son aquellos factores de nuestro organismo que implican una mayor probabilidad de sufrir un evento cardíaco adverso, cuyo origen puede ser ambiental, genético o una combinación de estos”, explica.

De este modo, mientras que los factores de riesgo ambientales (obesidad, tabaquismo, sedentarismo, colesterol, hipertensión arterial o diabetes) pueden ser controlables a través de unos hábitos saludables, la dieta y el ejercicio físico regular, los genéticos o hereditarios forman parte de las características individuales de las personas y contra ellos es más difícil intervenir. Precisamente, en encontrar la manera de incidir en estos últimos centran sus trabajos de investigación Diego Franco y su equipo. “El corazón es un músculo. Siempre se está moviendo y cuando aparecen alteraciones en los genes que regulan la función cardíaca existe una predisposición a que no pueda hacerlo al cien por cien”, explica el investigador de la Universidad de Jaén.

Entre los factores que sí son evitables por el propio individuo, el investigador señala como el más grave la obesidad, causada por la excesiva ingesta de grasas. “Los lípidos colapsan los vasos sanguíneos y acaban provocando un infarto”, detalla. Además, pone su vista en la población infantil y en los numerosos estudios que avalan el paulatino aumento de esta enfermedad, hoy día considerada una pandemia a nivel mundial. “Intervenir durante esta etapa es la mejor forma de asegurarnos que el sobrepeso sea un proceso reversible”, manifiesta. De este modo, una actuación temprana implica menores consecuencias, tanto para las personas como para el propio sistema sanitario. “Así la combatimos a tiempo y evitamos las secuelas epidemiológicas”, declara.

Íntimamente relacionados también con la dieta se encuentran otros factores más silentes como la hipertensión y la diabetes, para los que, por otro lado, puede ser necesario prescribir un tratamiento farmacológico por parte de un facultativo. “En el primero, el corazón va más rápido y fuerte de lo normal, por lo que al final se resiente”, revela Franco. En el segundo, la diabetes, los especialistas indican que la acumulación de glucosa (azúcar en sangre) acaba dañando progresivamente los vasos sanguíneos y aumentando el riesgo de padecer angina, infarto agudo de miocardio o muerte cardíaca súbita.

Personas mayores practicando actividad física dirigida.

Personas mayores practicando actividad física dirigida.

Claves para proteger la salud cardíaca

Según el informe ARIAM (Análisis del Retraso del Infarto Agudo de Miocardio), que desarrolla con carácter anual la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), el sobrepeso o la obesidad estaría detrás del 75% de los infartos; la hipertensión, del 62% de los casos; el colesterol alto, del 53%; y el tabaco, del 36 %.

Pero… ¿Cómo podemos prevenir el riego cardiovascular? Para controlar estas causas, la Organización Mundial de la Salud insiste en la importancia de adquirir hábitos saludables en la dieta: consumir abundantes frutas, verduras y hortalizas (al menos cinco raciones de forma semanal), cereales integrales, carnes magras, pescado y legumbres, así como limitar la sal (menos de una cucharilla al día) y el azúcar. Una alimentación sana a la que se debe sumar la práctica, como mínimo, de 30 minutos diarios de actividad física, lo que ayuda a mantener el sistema cardiovascular ‘en forma’. De hecho, apuntan los expertos, hacerlo hasta 60 minutos casi todos los días de la semana, permite, además, mantener un peso normal y adecuado.

La erradicación del tabaco es clave y tiene una ‘recompensa’ rápida porque el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular disminuye inmediatamente después de dejar de consumirlo, reduciéndose a la mitad en tan solo un año. Además, el consumo de alcohol debe realizarse con mucha moderación. La última de las recomendaciones, señala la Organización Mundial de la Salud, es controlar el riesgo individual, algo que pueden estimar los profesionales sanitarios ‘midiendo’ tanto la tensión arterial, como los lípidos y el azúcar en la sangre. En este sentido, la Fundación Española del Corazón permite, desde su página web, calcular ese riesgo mediante un sencillo test.

Por último, en cuanto al estrés, concluye Diego Franco, no lo considera per se un factor de alto riesgo cardiovascular: “Es cuando se suma a la predisposición genética cuando puede desencadenar un problema o cuando se trata de un estado sostenido en el tiempo o crónico”.


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