Revista iDescubre

La economía también tiene género

La tasa de desempleo supera entre las mujeres el 25% en enero de 2019, siete puntos por encima del paro masculino, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Pero además, ellas combaten una brecha salarial que les hace ganar 6.000 euros menos al año de media y tienen un 23% menos de contratos laborales que los hombres. Este tipo de datos demuestra que hay una economía de género, que el género también condiciona la economía, y que las estadísticas sobre paro, representatividad empresarial o distribución presupuestaria son solo la punta del iceberg de una brecha marcada por el género.

Autor: María Ruiz / Fundación Descubre.

Asesoría científica: Astrid Agenjo y Adelina Sánchez.


28 de enero de 2019

La investigadora Astrid Agenjo, profesora del departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide.

Los avances en igualdad y las perspectivas de género en la investigación y la literatura científica han sobrepasado las estadísticas que dividen totales entre hombres y mujeres para otorgar un tratamiento multidisciplinar a la economía y a su impacto en la desigualdad. La economía tiene género y se convierte en el marco de las imágenes científicas para retratar las diferencias en el acceso al trabajo, el tiempo de ocio, los sueldos, los problemas de salud y hasta el reparto de un presupuesto público.

“No es suficiente desagregar los datos, hay que ir a la raíz de la discriminación y no olvidar que el género es una categoría de análisis central, no una variable más”, explica Astrid Agenjo, profesora del departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide y una de las investigadoras del grupo EcoEcoFem y del Observatorio GEP&DO (Gender, Economy, Politics & Development Observatory). Agenjo forma parte de este grupo de investigación especializado en economía feminista, una denominación ideada como un componente político explícito para ir más allá de la diferencia entre hombre y mujer.

El Observatorio mantiene activas, entre otras, diferentes líneas de investigación para analizar los efectos por género de la crisis y sus consecuencias, tanto en el mercado como en las políticas de austeridad, y todas comparten una mirada feminista que es además tendencia en el análisis de la economía global. “Desde la crisis económica a las migraciones o los modelos políticos, lo económico afecta a la desigualdad de género”, subraya la experta.

“En las investigaciones, para atender a las desigualdades de género es conveniente aterrizar cualquier análisis a lo cotidiano, conocer los megadatos pero también analizar cómo afecta lo económico al género en una casa”, explica para iDescubre Agenjo. Recuerda que en el último medio siglo, España ha experimentado -o consensuado, porque las mujeres de clases populares han trabajado siempre- la incorporación femenina “en masa” a lo público, y todo ello tiene incidencia en la economía.

Las mujeres llenan las facultades, conquistan puestos directivos, pelean en el mercado laboral, ostentan representatividad política y diluyen así unas bases asentadas durante muchos años. “Cambian los conceptos porque todo se veía desde el prisma de una economía patriarcal, con sesgos androcéntricos que sustentan el discurso económico dominante”, considera esta investigadora. Recuerda que las mujeres han salido de casa para incorporarse al mercado laboral “pero ellos no han entrado por igual al ámbito doméstico”, lo que genera una brecha más en el análisis económico y su traslación social.

“Una forma de comparar la igualdad y esa perspectiva económica es analizar cómo se reparte el tiempo diario, sobre todo en relación a los trabajos remunerados y el trabajo doméstico y no remunerado. Esos datos permiten entender lo que pasa, son datos que demuestran que aunque el hombre de clase media se incorpore a las tareas del hogar o los cuidados, la conciliación es cosa de mujeres”, recalca esta experta en economía de género.

Agenjo detalla que en ese círculo vicioso de los estereotipos también hay mucho de economía porque la mujer sigue cuidando mayoritariamente de hijos, mayores o dependientes y tiene menos tiempo para trabajar, o para formarse y mejorar su capacitación laboral, y entonces gana menos dinero que el hombre y regresa a la posición de una economía marcada por el género en la que ellos tienen privilegios. “La solución es que ellos estén a la par, porque sin ellos es imposible”, resume.

El género y la economía afectan a casi todos los aspectos de la vida, desde las tasas de natalidad a los porcentajes de desempleo, según la investigadora.

La investigadora apunta que el género y la economía afectan a casi todos los aspectos de la vida, desde las tasas de natalidad a los porcentajes de desempleo, pero insiste en que esas estadísticas son “lo que se ve, mientras la desigualdad es la base que no se ve pero que lo explica todo”.

Agenjo añade a la relación entre género y economía otros problemas que pueden generar una doble o triple desigualdad al sumar a la brecha que rodea a las mujeres los perjuicios por edad, clase social, raza o nacionalidad. “El género está en todo y afecta a cuestiones como el ámbito fiscal, con sesgos androcéntricos porque ninguna política económica es neutral, partimos de una base que no es igualitaria”.

El género, también en las cuentas públicas

El impacto del género en la economía provocó que el Parlamento Europeo aprobara en 2010 una declaración para blindar los conceptos de igualdad frente a la crisis financiera. Aquel posicionamiento europeo repetía derechos que se recogen también en leyes nacionales y autonómicas, principios de igualdad para combatir las estadísticas que marcan que son ellas las primeras en sufrir los perjuicios de la recesión económica.

En España, la ley de Igualdad es transversal y tiene también su reflejo en la distribución del dinero público y en el diseño de los presupuestos, un documento que permite vislumbrar las prioridades de cada gobierno. Un trabajo de la investigadora de la Universidad de Córdoba Beatriz Collantes recalca que un presupuesto público es el máximo exponente de la economía, por lo que debería tener una categoría de género que sea además transversal.

Collantes apunta que frente a la “ceguera de género” de las partidas presupuestarias, Andalucía ha articulado fórmulas que garantizar por ley la integración de la perspectiva de género con el objetivo de convertir las actuaciones públicas en un incentivo para acercarse a la igualdad.


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