Olas de calor y radiación ultravioleta, un binomio perjudicial para la salud

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Dos términos se hacen cada vez más familiares para la ciudadanía con la llegada del verano: ola de calor e índice de radiación ultravioleta. Un binomio cada vez más presente en los meses de junio, julio y agosto y sobre el que los expertos alertan por los efectos que tienen en la salud de las personas. Detrás de estos fenómenos meteorológicos cada vez más intensos se encuentra el cambio climático. El aumento de la temperatura, la falta de precipitaciones, la contaminación, el exceso de cemento en las ciudades, entre otros factores, tienen consecuencias directas sobre la salud de la población. El principal indicador que destacan los expertos es el aumento, en la última década, de la mortalidad por altas temperaturas en diferentes zonas del planeta. El Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía (OSMAN) trabaja e investiga sobre el desarrollo de estrategias futuras para hacer frente a una situación que ya no tiene vuelta atrás.
ASESORÍA CIENTÍFICA: Antonio Daponte Codina, Lucas Alados.
Mapa de temperaturas de AEMet para esta semana.

Mapa de temperaturas de AEMet para esta semana.

Desde finales de mayo el término ‘ola de calor’ ha aparecido con cierta frecuencia en los medios de comunicación. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMet) define ‘ola de calor’ como “un episodio de al menos tres días consecutivos, en que como mínimo el 10% de las estaciones consideradas registran máximas por encima del percentil del 95% de su serie de temperaturas máximas diarias de los meses de julio y agosto del periodo 1971-2000”. O lo que es lo mismo, que las temperaturas, tanto máximas como mínimas, alcanzan y rebasan las medias de esa zona para esa fecha del año, durante al menos tres días, afectando a varias provincias.

Esta subida gradual de las temperaturas es un fenómeno ampliamente estudiado por organismos internacionales como la Agencia Norteamericana del Clima, que destaca tres maneras de observar el aumento del termómetro: la subida de la temperatura media, el aumento y adelanto en el calendario estacional de los días con temperaturas extremas y las olas de calor. “Estos tres escenarios afectan de forma diferente a las personas y a su salud – destaca Antonio Daponte Codina, director del OSMAN- Nos adaptamos a estas situaciones extremas de calor a través del cambio de hábitos. Comemos diferente, tenemos sistemas de climatización y adaptamos nuestras salidas al exterior. En España tenemos evidencia, desde hace más de una década, que es cuando el fenómeno se empezó a estudiar de forma más sistemática, del impacto de las olas de calor en la salud de la ciudadanía. El primer indicador es el aumento de la mortalidad”. A este respecto, la ola de calor europea de 2003 fue causante de la muerte de decenas de miles de habitantes en todo el continente. Gran parte de las víctimas, casi 15.000, eran residentes en Francia.

Los colectivos más vulnerables a los que deben dirigirse medidas específicas durante una ola de calor son los enfermos crónicos, personas de edad avanzada, personas con obesidad y otras patologías, personas que consumen drogas o alcohol o que están en tratamiento con determinada medicación y los colectivos laborales bajo condiciones térmicas extremas. “Las personas mayores, a medida que envejecen, van perdiendo la capacidad termorreguladora del organismo. Perciben menos el calor. Esto es un factor de riesgo porque no tienen el acto reflejo de refrescarse y esto les puede llevar a sufrir deshidratación y golpes de calor”, destaca Daponte. Otro factor de riesgo es la toma de medicación, ya que el organismo reacciona de forma diferente en estas situaciones de calor extremo.

Termómetro en una calle de Sevilla.

Termómetro en una calle de Sevilla.

Ciudades sofocantes

Las zonas más afectadas por este aumento gradual de las temperaturas son los núcleos urbanos. “El centro de las ciudades está cubierto de cemento. Hay lo que se denominan ‘islas de calor’. El suelo asfaltado multiplica el calor. Si tuviéramos suelos naturales, de tierra, absorberían parte de la radiación solar y la temperatura sería menos extrema”, indica Daponte, que añade que en las ciudades se han construido edificios “muy altos que forman ‘cañones’ urbanos’ que impiden que el viento circule libremente a lo que se suma la contaminación que generan los vehículos y los sistemas de refrigeración. Todo esto hace que se multiplique la temperatura ambiente con el riesgo de que se produzcan daños en la salud”.

Ante la evidencia de que el cambio climático produce daños en la salud, buena parte del trabajo investigador desarrollado por el Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía está dirigido a paliar estos efectos en las poblaciones más vulnerables (mayores e infancia). Una parte importante de su actividad es la formación en dos direcciones. Por un lado, ayudar a la sociedad a adoptar conductas y hábitos de vida que faciliten la gestión de estas situaciones de calor. Por otro, formar a profesionales de diferentes ámbitos (sanitarios, urbanistas, arquitectos, ingenieros, etc.) sobre la importancia de su papel para contribuir en la búsqueda de soluciones y estrategias para paliar los efectos del cambio climático en la salud de la población.

Índice de radiación ultravioleta

El índice ultravioleta (UVI o Ultra Violet Index) es la otra parte del binomio. Se trata de una medida de la intensidad de la radiación ultravioleta que alcanza la superficie de la Tierra. El sol emite radiación en un amplio rango del espectro electromagnético y en concreto emite significativamente en la zona del ultravioleta (longitudes de onda entre los 100 y los 400 nm), una radiación que puede producir problemas de salud en el ser humano. “El valor del UVI depende de la elevación solar, de modo que su valor es mayor a mediodía, cuando el sol está más alto, en especial en los meses de verano y primavera próximos al solsticio de verano”, explica Lucas Alados, director del Grupo de Física de la Atmósfera de la Universidad de Granada.

La luz ultravioleta no es visible. Supone el 7% del total de radiación emitida por el sol y está compuesta por rayos ultravioleta de los tipos A (UV-A), B (UV-B) y C (UV-C). Ésta última, la UV-C, es absorbida totalmente en la parte alta de la atmósfera por el oxígeno y por las moléculas de ozono. La radiación que llega a la superficie terrestre es la UV-A, que puede acelerar el envejecimiento de la piel, y la UV-B, sin duda la más peligrosa para la salud, ya que puede llegar a producir cáncer de piel, eritema y cataratas en los ojos.

Mapa de radiación ultravioleta de AEMet.

Mapa de radiación ultravioleta de AEMet.

La intensidad de la UV-B depende directamente de la cantidad ozono presente en la atmósfera, como explica el profesor Alados: “La disminución de ozono es una de las razones que hacen que en condiciones despejadas y en verano los valores de UVI sean especialmente altos en Granada y en toda Andalucía. Las zonas más elevadas de la Comunidad autónoma, como es el caso de la mayor parte de la provincia de Granada, añaden un factor de riesgo añadido: la cantidad de atmósfera que ha de ser atravesada es menor y por eso el UVI puede incrementarse”. Es lo que ocurre en Sierra Nevada, donde una mayor altura sobre el nivel del mar implica una mayor exposición a la radiación ultravioleta. En función de los días, añade, puede registrarse entre un 20% y un 30% más que en la capital. Por su parte, la presencia de partículas en suspensión, aerosoles y las nubes atenúan la radiación ultravioleta, ya que reflejan parte de esa radiación y la devuelven.

El UVI es un parámetro diseñado para servir de orientación a la ciudadanía sobre la incidencia de la radiación ultravioleta en la piel humana. Para ello, se determinó un sistema de medida que fuese sencillo y fácil de entender por parte de la ciudadanía. Una escala que va del 0 al 16 indica cuándo hay que extremar las precauciones al exponerse al sol.  Se mide además según los riesgos que tenga sobre la piel a través de una serie de valores asociados a una gama de colores: entre el 0 y el 2, se considera ‘bajo’ (verde); entre 3-5, ‘moderado’ (amarillo); entre 6-7, ‘alto’ (naranja); entre 8-10, ‘muy alto’ (rojo); superior a 11, ‘extremadamente alto’ (morado). La Red Radiométrica de la Agencia Estatal de Meteorología es la responsable de registrar y medir la radiación solar en sus diferentes componentes (global, difusa, directa y reflejada) y principales longitudes de onda (visible, infrarroja y ultravioleta). La Agencia Estatal de Meteorología incluye desde 2001 la información en los servicios meteorológicos sobre el riesgo de exposición a este tipo de radiación, por considerarla determinante para la salud de las personas.

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