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“En los países nórdicos impresiona el contacto con la naturaleza”

El granadino Carlos Duque -Febrero, 1981- es doctor en Geología por la Universidad de Granada y hace más de cuatro años que emigró a los países nórdicos –Dinamarca y Noruega- para desarrollar su carrera científica, centrada en el estudio de las aguas subterráneas. Desde entonces ha trabajado en las universidades de Copenhague y de Oslo. Esta experiencia le ha permitido ser seleccionado recientemente para formar parte de un proyecto de investigación financiado por la Unión Europea en el marco de las acciones Marie Curie IOF ('International Outgoing Fellowship'), uno de los programas más prestigiosos en el ámbito internacional

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31 de julio de 2015
El investigador, Carlos Duque, durante un estudio.

El investigador, Carlos Duque, durante un estudio.

– ¿Cuál es tu campo de investigación dentro de la Geología?

La Hidrogeología y de forma más concreta el estudio de las aguas subterráneas y los procesos relacionados con ellas como, por ejemplo, la contaminación o su interacción con lagos y ríos.

– Una vez finalizado el doctorado, ¿qué te lleva a Dinamarca y Noruega?

Hice una estancia pre-doctoral en la Universidad de Copenhague, encajé bien dentro del grupo y empezamos a colaborar en la publicación de un trabajo científico. Cuando terminé la tesis me preguntaron si me interesaría hacer una post-doctoral allí. La llegada a la Universidad de Oslo se debe a que una vez que tienes el ‘sello nórdico’, es decir, haber trabajado en alguna institución de Dinamarca, Suecia o Noruega, ya tienen la garantía de que te vas a adaptar bien al sistema, puesto que son países que, aunque tienen muchas diferencias, en lo básico se parecen mucho.

– Desde que te mudaste a Noruega ¿qué funciones has desarrollado en Oslo?

Continúo con mi investigación y colaboro en un proyecto de una zona minera con problemas de contaminación por metales pesados que afectan al río. Están muy preocupados porque no hay peces. Por otra parte, también me he dedicado a la docencia y he supervisado a tres estudiantes de máster que tienen proyectos relacionados con el agua subterránea. Una de ellas, por ejemplo, está desarrollando su investigación sobre las zonas de Motril y Salobreña en Granada.

– ¿Cómo es el día a día del investigador noruego?

En lo referente a los horarios es el estilo típico europeo, jornada intensiva con un descanso mínimo para la comida y así poder acabar pronto y facilitar la conciliación familiar. Algunas peculiaridades de este país son, por ejemplo, cuando la gente se va del trabajo un viernes después de comer porque tienen que ir a la cabaña en la montaña o cuando deciden ir a trabajar más tarde porque hace un buen día para esquiar. En general, lo importante es cumplir los objetivos más que estar un determinado número de horas en el despacho.

Carlos Duque.

Carlos Duque.

– ¿Cuáles fueron los primeros retos personales y profesionales que encontraste al llegar a los países nórdicos?

La llegada a Noruega fue bastante fácil desde ambas perspectivas, ya que el sistema profesional es bastante parecido. Previamente, cuando llegué a Dinamarca, el proceso fue más complicado. Fue muy difícil encontrar alojamiento, cuando por fin localicé un lugar (el primero en el que me dijeron que sí, no tuve opción de elegir) la ayuda económica con la que me fui inicialmente no era suficiente para cubrir los gastos de vivienda -casi 1.000 euros- ya que tuve que pagar seis meses de alquiler por adelantado ¡No me quedó más remedio que pedir dinero prestado a mis padres!

– Hablando un poco más de Oslo, tu último puesto de trabajo ¿qué te ha impresionado más de la ciudad?

La naturaleza y los paisajes, los glaciares y los fiordos -formaciones que surgieron cuando se retiraron los glaciares y el agua del mar inundó los valles-. En cualquier sitio al que vayas te puedes encontrar unos parajes espectaculares. En la zona donde vivo, por ejemplo, puedo salir a dar un paseo y en un rato estoy en un bosque con alces o bañándome en un lago con una cascada.

– ¿Cómo es la cultura noruega?

Les encanta ir a la montaña, estar en el campo y hacer cosas en la naturaleza. Aquí los niños de tres o cuatro años durante el invierno -cuando las temperaturas pueden alcanzar los 15 grados bajo cero- salen a jugar en la nieve y pasan horas chapoteando en los charcos congelados ¡Recuerdo que cuando yo estaba en el colegio y llovía no me dejaban ni siquiera salir al patio! Como anécdota, mi jefe, que acaba de jubilarse, tiene como proyecto recorrer toda Noruega desde el Sur hasta Cabo Norte en canoa, andando y esquiando en etapas de tres o cuatro semanas.

 

Fiordos en Oslo, Noriega

Fiordos en Oslo, Noruega.

– Y desde un punto de vista gastronómico ¿qué diferencias hay entre la cultura noruega y la andaluza?

En Noruega las comidas tradicionales son heredadas de los tiempos en los que no era un país tan próspero, es decir, antes de que empezasen a explotar el petróleo. Por tanto, suelen ser bastante simples y basadas en la conserva de carnes y pescado. Por ejemplo, tienen el lutefisk, que es el bacalao pero conservado en sosa y que simplemente lo ponen en el horno y lo sirven con bacón y patatas. Otros platos típicos son la cabeza de oveja ahumada o la carne de oveja desecada y ahumada, ambos con patatas cocidas. Los noruegos están muy orgullosos de sus raíces y siguen disfrutando mucho de estos platos en las ocasiones especiales.

– ¿A qué dedicas tu tiempo libre? ¿Algún hobby noruego?

Pues la principal novedad son las actividades de montaña, en verano me gusta ir a andar por los bosques o subir a algún pico y en invierno practicar el esquí cross-country, una modalidad donde tienes tanto que subir como bajar por veredas con nieve en lugar de pistas. Además, juego al fútbol y el voleibol, ya que es la manera más fácil de hacer amistad con los noruegos.

– Tras más de cuatro años en el extranjero ¿recomiendas trabajar fuera de España?

Es una gran experiencia, eso sí, también tiene muchos momentos duros. En mi opinión, lo mejor es marcharse con un plan, ya sea porque tienes un contrato esperándote o porque tengas unos ahorros que puedas utilizar durante un tiempo hasta que encuentres algo. La vida aquí es muy cara y el inmigrante que no cuenta con trabajo lo tiene muy difícil para poder integrarse en la sociedad. Hacer las maletas y plantarse en Noruega no me parece la mejor opción aunque los números digan que la tasa de paro es muy baja y que hay muchas ayudas sociales.

– Por último, si pudieras trasladarte por un instante a cualquier rincón de Andalucía, ¿dónde irías?

Si tengo que elegir, en Granada, a cualquier plaza donde pudiera sentir a la gente. También a la costa granadina, en los alrededores de Salobreña, por ejemplo, donde pasé tantos días haciendo la tesis doctoral.


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