‘iDescubre’ abril-junio 2017

La alarma social y una cierta confusión mediática en torno a las causas y consecuencias del fuego han puesto de manifiesto, una vez más, el valor que una información serena y rigurosa, vinculada al conocimiento científico, tiene en escenarios de peligro. El incendio que a finales de junio ha afectado a más de 8.000 hectáreas de la comarca de Doñana es un buen ejemplo de una situación característica en los ambientes mediterráneos que, a pesar de su recurrencia, sigue demandando nuevos compromisos en el manejo racional de las áreas rurales, sistemas de extinción cada vez más sofisticados y eficaces, planes de comunicación que eviten las especulaciones sin fundamento y, finalmente, estrategias que permitan recuperar el patrimonio calcinado y se anticipen a lo que nos deparan las nuevas circunstancias ambientales.

En todas las etapas de este proceso, que busca ganar la batalla al fuego y a la desinformación, es necesario el concurso de la Ciencia, y posiblemente Andalucía sea una de las regiones de Europa que mayor esfuerzo está realizando para multiplicar el conocimiento en torno a los incendios forestales.

El despoblamiento de las zonas rurales y las nuevas variables a las que nos obliga el cambio climático son sólo dos de los elementos que están modificando, a marchas forzadas, el modelo con el que se viene gestionando el monte mediterráneo andaluz. Y también nos enfrentamos, cada vez con mayor intensidad y urgencia, al debate en el que colisionan la conservación de espacios particularmente valiosos y el aprovechamiento de ciertos recursos naturales vinculados a los mismos.

Más allá de la tensión que suele empañar la toma de decisiones, cuando lo que está en juego son oportunidades de negocio y puestos de trabajo, no cabe otra opción que reducir todas estas incertidumbres de la mano de la Ciencia. Y compartir esos conocimientos de manera transparente, para que cualquier decisión sea cooperativa, para que los gestores encuentren la complicidad de la ciudadanía y, en definitiva, para que un problema ambiental de esta envergadura se afronte con serenidad y rigor. La divulgación, por tanto, también es necesaria en este empeño colectivo.