De las estrellas a las plantas, un viaje por la ciencia más accesible

0
El acceso al conocimiento no tiene por qué tener barreras. Así lo entiende un grupo de científicos y científicas que se han propuesto colocar la belleza del universo y la riqueza del mundo vegetal al alcance de todos. Dos iniciativas pioneras, puestas en marcha en Granada, acercan la ciencia a personas con discapacidad sensorial. Se trata de los proyectos Astronomía Accesible, promovido por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y Agronomía Accesible, más reciente, organizado por la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC). Ambos talleres están teniendo una gran aceptación por parte de los participantes, principalmente personas invidentes, sordas y sordo ciegas.
ASESORÍA CIENTÍFICA: Enrique Pérez Montero, Matilde Barón, Ana Belén Robles y María Eugenia Ramos.
Participantes en el taller de Agronomía Accesible que organiza la EEZ-CSIC.

Participantes en el taller de Agronomía Accesible que organiza la EEZ-CSIC.

Empieza el taller. Una voz femenina inicia la explicación. Es la guía que llevará a los asistentes a realizar un viaje muy especial a través de galaxias, estrellas y constelaciones, incluso por las montañas y valles de la Luna. Se habla de astronomía pero, en esta ocasión, no se observa el cielo para ver las estrellas, ni son protagonistas las bellas imágenes cargadas de colores y destellos de galaxias y nebulosas. En este taller se accede al universo a través de otros sentidos, tocando, escuchando… Los participantes son personas con discapacidad visual. Esta actividad forma parte del proyecto Astronomía Accesible, una experiencia pionera puesta en marcha por Enrique Pérez Montero, científico titular del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).

Junto con la Unidad de Divulgación y Comunicación del IAA-CSIC (UCC-IAA) y Amelia Gil Ortiz, astrónoma y divulgadora del Observatorio Astronómico de Valencia, Pérez Montero encabeza esta iniciativa para acercar la astronomía a las personas invidentes o con visión reducida. Es discapacitado visual y afiliado a la ONCE por una enfermedad degenerativa congénita de la retina. Desde hace varios años compagina su faceta de investigador con la participación en diversos programas de difusión de la astronomía para personas invidentes. “El taller de Astronomía Accesible empezó como una idea personal. Tenía la necesidad de comunicar que, a pesar de mi condición de discapacitado visual, podía seguir mi camino profesional en el mundo de la astronomía”, explica Pérez Montero y añade: “Como padezco una enfermedad degenerativa que hace que pueda ir adaptándome poco a poco, he podido ir contactando con compañeros discapacitados audiovisuales para diseñar una actividad de divulgación de la astronomía”.

Los principios, hace tres años, fueron modestos y a nivel local. Posteriormente, gracias al apoyo financiero de la Sociedad Española de Astronomía y de la FECYT, ha podido realizar la actividad en centros de la ONCE por toda la geografía española. “Estoy muy satisfecho porque el taller ha tenido mucha aceptación y es una labor que no está haciendo nadie”, comenta el astrofísico.

Una de las actividades del proyecto Astronomía Accesible, del IAA-CSIC.

Una de las actividades del proyecto Astronomía Accesible, del IAA-CSIC.

Una forma distinta de conocer la astronomía

Podría parecer paradójico que siendo la astronomía una ciencia en la que se interactúa con el sentido de la vista, las personas que asisten al taller no puedan acceder a toda la información, pero para Pérez Montero, esto no es así: “yo mismo, que no veo, sigo dedicándome a la astronomía. Con descripciones adecuadas y el empleo de la voz, las personas que no ven pueden entender y seguir lo que voy diciendo”. Pero destaca que es necesario “estar encima de ellos”. Dar información muy precisa, que lo que estén tocando en ese momento esté ajustado con lo que se está diciendo.

Para apoyar las explicaciones se utilizan diversos materiales, diseñados por Enrique Pérez Montero y por la Universidad de Valencia, como imágenes de alto contraste (para aquellas personas que tengan un resto visual), láminas con gráficos en relieve y explicaciones en lenguaje braille y lo que llama más la atención, las maquetas elaboradas en impresora 3D de la Luna  y las constelaciones.

El taller tiene un marcado carácter inclusivo y en él participan también personas sin discapacidad. Para Pérez Montero esto es “muy positivo” y permite acercar el conocimiento de una forma diferente. “Consigues llegar a ellos con otras maneras de divulgar que no son a las que están acostumbrados. A lo mejor son gente que ve perfectamente pero que al utilizar las maquetas, al escuchar las descripciones que son más completas, entienden mucho más que con la fórmula clásica de divulgar. Lo hemos comprobado” destaca, a lo que añade, “a los estudiantes de Infantil, Primaria, Secundaria o de Universidad les encanta tocar las bóvedas, escuchar las explicaciones sobre que no es necesario salir al campo con un telescopio para hacer astronomía, que es todo más sencillo. Es más una cuestión de abstracción mental que de percepción visual”.

Al objetivo principal de este proyecto, el acercar la astronomía a todas las personas que sientan curiosidad por saber más, se suma un deseo por parte del propio Enrique: “normalmente a las personas con discapacidad se les orienta hacia carreras que no son científicas, mi deseo sería poder revertir esta situación y que puedan elegir a qué carrera quieren dedicarse, incluidas las científicas, teniendo la garantía de que cuentan con los medios necesarios y adaptados para hacerlo”. Él es un ejemplo de que ambas realidades, ser científico y tener una discapacidad, no son incompatibles.

Y del universo…. al mundo vegetal

Siguiendo el impulso pionero del IAA-CSIC, un grupo de científicas de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC) se ha propuesto acercar la riqueza y variedad del mundo vegetal a las personas con discapacidad sensorial. Con este fin, la directora de la institución Matilde Barón junto con Ana Belén Robles y María Eugenia Ramos, ambas botánicas, han puesto en marcha el taller de Agronomía Accesible. “Enrique Pérez Montero fue una pieza fundamental para enseñarnos cómo deberíamos trabajar con personas invidentes. Tuvimos que aprender a adaptar formatos. Hacerlos más táctiles, para tocar, para saborear…”, resalta Matilde Barón. La actividad comenzó en 2016 y está destinada a personas invidentes, sordas y lo que ha sido un reto aún mayor para las investigadoras, a personas sordo ciegas.

Para diseñar el taller las científicas se inspiraron en los contenidos divulgativos del Real Jardín Botánico del CSIC. “Decidimos empezar por la adaptaciones de las plantas a distintos climas, viendo aquellas que podían ser más intuitiva, que fuese más palpable y que una persona con discapacidad visual pudiese percibir bien. Había iniciativas en otras partes del mundo para invidentes. No eran talleres, sino jardines, jardines de los sentidos. Ahí nos inspiramos para hacer el taller de aromáticas. Basándonos en los sentidos pero no en la vista”, explica Robles.

Los asistentes al taller, un máximo de doce personas incluidos acompañantes e intérpretes de signos, realizan un viaje fascinante a través de sus explicaciones, tocando y oliendo las más de 70 plantas que movilizan para la actividad. Coníferas, trepadoras, carnívoras, aromáticas, algunas desconocidas y otras más comunes como el olivo o el Aloe Vera pasan por las manos de los participantes. Texturas y olores son protagonistas pero en el taller de frutos lo son los sabores. De los frutos secos como las avellanas a los carnosos como el arándano, frambuesa, albaricoque o aceituna. Los asistentes escuchan, tocan y saborean.

Diseñar los contenidos y la dinámica del taller es esencial. “Nos hemos dado cuenta con la práctica que si ofrecemos mucha información a la vez los asistentes se pierden”, destaca Matilde Barón. “Si normalmente en una charla o taller de divulgación tienes que aprender cómo es el público al que te diriges, en este caso, es muy importante tener la máxima información sobre el tipo de público que va a asistir, conocer el grado de discapacidad y de formación de los participantes”.

Tanto Matilde Barón como Ana Belén Robles y María Eugenia Ramos compaginan la realización de esta actividad con su labor investigadora. Lo hacen por pura vocación y por el interés en compartir sus conocimientos. Las tres coinciden en que esta experiencia les ha aportado mucho personalmente y como divulgadoras han tenido que desarrollar capacidades como la empatía, la comunicación, el sintetizar contenidos y sobre todo, redescubrir en cada taller la importancia de los detalles, de una hoja, de una flor, de un aroma…

COMPÁRTELO

Deja un comentario

Disculpe, debe iniciar sesión o registrarse como lector para escribir un comentario